domingo, 15 de diciembre de 2013

1. Usualmente evito utilizar la crítica para dañar el objeto a criticar. Sin embargo lo tocante a la parte dura de la opinión personal, a veces, me resulta hiriente.
2. Debo decir que las ideas entorno a la educación, el sistema educativo, la creación literaria y la promoción de la lectura, son temas que tengo siempre en la mente, además de muchos otros.
3. Ahora en Monterrey surgen reuniones de escritores, a la cual no he asistido a ninguna por dos razones: no me gustan al 100% y no he tenido tiempo. Siempre puedo tolerar la envoltura de lo que realmente me interesa, el pensamiento humano en la sociedad actual, no tanto la parafernalia y las personalidades literarias de la región donde vivo. La verdad de quien venga no es lo importante, sino en sí, la verdad es lo que importa aquí,
4. No encuentro con entusiasmo las redes de poder que emergen al rededor de la estrellita marinera de temporada. No encuentro alentador la brillantez del goce embellecedor de las personas y no de la narrativa en sí (narrativa porque es lo que me agrada); no obstante, a través de esa contante en la que el mexicano está acostumbrado por el cuarto poder, el comunicativo, es posible que pueda poner en duda si la narrativa puede lograr algo.
5. Claro que a nivel educativo, enseñar a educar, dista mucho de la personalidad del tiempo  y ambiente en el que vivimos. De estos tiempos que tienen cuernos en la frente y cola rápida de diablo feroz. Diablo, malo, pero lo peor que ignorante.
6. Mi desconocimiento por mi ausencia en eventos abiertos a todo tipo de público, tienen que congelarse para otro post, donde pueda apoyar mi crítica de lo que pasa en estos días.
7. Por lo pronto, espero que baje la espuma de la exaltación del individuo particular y se eleve el conocimiento al colectivo.

domingo, 1 de diciembre de 2013

1. Sé que no he escrito cuento o novela. La verdad ha sido un fin de año pesado; sin embargo, el ensayo sigue y la corrección de textos también. He reunido una serie de cuentos para un libro corto al que pronto le iniciaré su propia búsqueda.
2. Por otro lado hay algo que me pasó. Algo que no dejó impreso ningún sentimiento y es que lo vi. Vi a quien yo siempre dije era el amor de mi vida, a quien me había desquintado el corazón y a quien alguna vez dije dar la vida por él. A ese, a quien tuvo mi primer "te amo" saliendo desde el fondo de pecho hasta sus labios.
3. Ya no siento nada por él.
4. Sin embargo en la frontera del "amors" no es todo pan con miel. La persona con la que salgo, ando o es mi pareja, bueno, pues, ya ni sé qué es. Sé que no me quiere. Una vez más mi corazón se rompe, ¿pero algo tan roto será capaz de romperse? Ni idea, el punto es que estoy bien. Nos faltó comunicarnos,  demostrar el afecto y vernos un poco más. No hemos dicho nada, pero, yo siento esa falta de querencia o desinterés. Como dicen: el amor y el dinero no se ocultan. Y pues se ve que él no me quiere. No soy participe en su vida social, no responde casi nunca a mis cariños, aunque se den por vías de comunicación vía celular o fbk y pues tiene una manera de llamarme por mi nickname como si fuéramos amigos, nunca nada cariñoso. Y me dirige como "una morra" para con sus amigos. Debo decir que duele, pero es lo que es. Tal vez ya no deba preocuparme o pensar en eso. Ayer estaba tan feliz con mis amigos, que ni un sólo momento me sentí triste. Los quiero tanto.
5. Por otro lado, quiero mucho a esta persona, la aprecio que no tengo ningún rencor o mala voluntad. Espero pronto hablar esto con él. Sin embargo, entre más pasa el tiempo, mi personalidad se va desapegando de él. Temo un día despertar y no recordar que le conocí.
6. La escritura vuelve. Siempre como una gran compañera que resiste y me deja cuando es el momento apropiado.
7. La hoja en el agua flota por su equilibrio.

lunes, 25 de noviembre de 2013

1. ¿Alguna vez lo ha herido una criatura endemoniadamente fea? La herida que estas criaturas causan es brutal, con su garra como la mano de una máquina que destroza sin contemplación lo que queda de un corazón, pero no es más fuerte que la sutil y estética herida que puede dejar una criatura enormemente hermosa.
2. Quiero a una criatura extremadamente bella. La quiero tanto que cualquier herida es un envenenamiento hermoso.
3. Su belleza radica en su ser ligero y equilibrado, en su ritual cuando se mueve por el mundo con ese espíritu altamente vibrante con el universo, en su belleza que me mantiene libremente cautiva y en esa hermosura de un corazón oculto y juguetón. Mi hermosa criatura enormemente bella me sostiene a su lado :)

domingo, 24 de noviembre de 2013

1. No lo quiero, hace tiempo dejé de quererlo. Siempre que lo veía me estremecía como una hoja. Pero hace tiempo se salió de mi corazón y mi mente. Tanto así que su felicidad me causa gusto, ese gusto que siento cuando la gente es feliz, aunque no la conozca.
2. Con respeto, se cuida el afecto.

jueves, 21 de noviembre de 2013

1. El cielo se rompió esta semana. Y mientras llovía, yo me acordé de él. Tumbada en la cama lo imaginé frente a frente. ¿Está mal pensarle como si lo que sólo queda entre los dos fueran sólo imaginarios?
2. Siento que puedo hacer un desmadre y no me quejaría de ello.
3. Desaparecer el dos, y ser uno.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

1. He decidido reunir algunos cuentos borrador con una temática establecida o que se relacionaba entre sí. Ha salido un librillo pequeño. Ahora, el camino de la perseverancia, trabajarlo y confiar en él.
2. A veces quiero hablar de él y decir lo que siento; sin embargo, aún lo siento lejos.
3. :( hoy no quiero.

sábado, 5 de octubre de 2013

1. No me quiero engañar, pero estoy quebrada por todas partes, física, económica, mental, emocional y voluntariamente.
2. Hace poco lloré dormida. Es patético, pero mi llanto me despertó.
3. Lo que me quiebra más es que no puedo escribir. Eso no lo puedo resistir. Es mi única fuga, mi mundo que sólo yo alcanzo a pisar.
4. Ya no sé qué hacer, y no quiero ayuda, la verdad esto es algo de muy adentro, de algo conmigo. Ni si quiera Dios está incluido.
5. Últimamente pienso mucho en ella, no sé cómo ayudarla. Ni si quiera quiero beber. Sólo quiero encontrar algo que no puedo encontrar con el alma así de despotricada.

domingo, 29 de septiembre de 2013

1. No es lo mismo que uno quiera a alguien y que ese uno, no lo quiera a uno.
2. Qué difícil es ser carbón, pero más difícil es ser hielo.
3. Cuando el deseo ya no es lo principal, se empieza a querer a la persona tal cual es, pero para mí es un riesgo doble. Porque no sólo quiero a la persona, sino que lo archivo y luego, olvido el deseo y se queda uno con el amor que se le tiene a toda esta unidad de vida.
4. Parece que un latido se muda a la casa de otra ave.
5. Sólo quiero ser aire y me tengo fuego.
6. Ya no existimos como el suspiro en el pulmón.
7. Pero aquí estoy, hablándote con mi propia voz.
8. Te quiero otra vez en mi vida, pero como lo que nunca fuimos: amigos.
9. Siempre fuiste lo que más trabajo me costó olvidar. Y ahora que te olvidé, te tengo como lo mejor que he conocido.

viernes, 20 de septiembre de 2013

1. Escuché a "Black Violin" gracias al festival Santa Lucía, 2013.

2. Puedo tratar de no hablar de esto, pero es necesario. Algo se está cocinando y pronto va a explotar.
3. Las palomitas humanas por más mantequilla que tengan, no se resbalan tan fácil por la garganta.
4. Cuando lo último te alcanza, es momento de comenzar a enfrentar las cosas.
5. He vuelto.

lunes, 16 de septiembre de 2013

1. "¿Por qué eres así?", hace poco escuché está pregunta y me causa  tristeza.
2. Yo no me cuestiono cómo soy porque sólo hay algo que puedo saber dentro de mí. Y es que el arquitecto de mi corazón es el único que puede contestar esa pregunta.
3. Mi vida es así gracias a Él, mi padre y la fuerza más grande que tengo adentro.
4. ¿Por qué soy así? Ni yo misma me lo pregunto, porque para mí simplemente es hermoso. ¿Quién puede juzgar a criatura tan pequeña? Sólo mi Dios. Mi amado arquitecto de quien yo soy y  a quien/que pertenezco.

sábado, 7 de septiembre de 2013


4. No puedo caminar y me rompe. No puedo llegar muy lejos. El otro día estuve bajo la lluvia después que salí del trabajo, parada,  sosteniéndome de las muletas con un solo pie y con un dolor que me atravesaba la cadera. Sólo quería morirme. Porque la carne a veces es más fuerte que la voluntad.
5. Yo no te deseo, sólo te quiero tanto, en cambio tú, sólo me deseas y quieres probar mis afectos.
6. El día que vuelva a tomar un tren,sabrás que el afecto no se mide.
7. No estoy de acuerdo en la destrucción de las garantías laborales, yo no tengo ninguna, por ejemplo, sin embargo, siendo teacher en escuela pública de contrato, sin salón propio y que durante mi primer semana brinqué por toda la escuela, subiendo escaleras con muletas, veo de cerca la comicidad laboral que interpretan la mayoría de los maestros. Como me ven, se verán, sin una gota de garantía laboral, con la reducción de sus derechos y las obligaciones que su intelecto no puede manejar, porque siendo Licenciada en Letras Españolas, no se me permite acceder a base, sólo contrato.  Pero la hora del cambio se da hoy.
8. Maestros huevones, faltos de cultura general y sin voluntad para abrazar el conocimiento que ilumine a los demás, como diría Xuxa, cantante brasileña para público infantil "es la hora, es la hora, es la hora de jugar, brinca, brinca, palma, palma y saltando sin parar". Ahora es cuando tienen la oportunidad de levantarse por los otros, por los que necesitan conocer. Levántense por el otro, no por los beneficios propios.

domingo, 1 de septiembre de 2013

1. Una de las cosas que no me gusta provocar en las personas es el morbo, sin embargo, por una que otra razón, mi vida ha estado rodeada de éste.
2. Alguna vez conté sobre mi fetichismo de grabar en video a mi vecina gordita que hacía ejercicio desnuda, y que yo veía a través de la ventana, aún conservo la cinta y el recuerdo de que ella era feliz provocando a los vecinos a que la vieran, en paz descanse en el cielo seguro se está divirtiendo saltando como solía bajo la iluminación de un foco rojo.
3. Tengo dos pensamientos fetichistas, ambos se relacionan con la experiencia del acto sexual, uno ya lo he hecho muchas veces, el otro quema en lo más recóndito del deseo.
4. No se lo digas a nadie, pero hay gente que se extasía con sentir pasos de tacones sobre su espalda desnuda, otras personas ruegan por que las muerdan, hay quienes necesitan ser rasguñadas, otras más se aceleran escuchando un rezo de palabrotas altisonantes calientes sobre el oído, hay una ley del deseo y entre más prohibida sea su norma ante la cortina de la "transparente sociedad", se vuelve más vehemente.
5. Lo que no deja de ser hombre y lo que tiene una mujer, en una misma unidad es lo que busca la belleza auténtica de ser. Porque deseo esa fusión en una misma unidad, de la autenticidad que no comprendo pero me gusta acercármele, es lo que responde a mi fetiche.
6. Tal vez, algún día deje de ser deseo.
1. Mudarse siempre cuesta mucho trabajo, pero mudarse con muletas es aún más difícil. Comenzar de nuevo y dejar de paralizar el tiempo. Fluir.
2. Y como una vez ya me lo dijeron :"usa tu corazón como filtro de verdad", yo agregaría que también de la fuerza elemental de ser. Ánimo, que un ciclo más comience a engranar.


miércoles, 28 de agosto de 2013

1. Cuando todo deja de doler, el análisis brota de la frente. De esa cabeza que poco utilizamos cuando se siente una pasión y apegos. 
2. Ayer pude matar al troyano, después de casi más de 24 horas en lucha.
3. Ayer hablé con una de las personas que más quiero en este mundo y que siempre con sus palabras sabias hace que toda lágrima desaparezca con risas y temas interesantes. Ayer hablamos de eso (Papá Pitufo y yo) de la condición de lo amoroso, la seducción y los grados de madurez para mezclar estas dos.
4. El amor es una última capa que siempre necesita seguimiento, constancia y que en sí mismo necesita rebasar aquellas vistas ciegas del enamoramiento, el ego, la seducción, y el interés propio. Y que al final las palabras siempre son necesarias para ajustar la balanza de los sentidos y los sentimientos propios y mutuos.
5. El poder del  ajuste emocional se da en silencio y en diálogo.
6. Hoy ya no duele, hoy vuelvo a respirar y a sentir miedo e incertidumbre porque sé que hay otro futuro por venir.
7. Dejó de llover, sólo queda un cielo gris y algo de frío por las mañanas, pero cuando menos... todos los días son diferentes :)

martes, 27 de agosto de 2013

1. Hoy me acordé del Principito, más bien, me imaginé qué se siente estar sentado en un volcán sin el amor de su rosa.
2. Sabes qué se siente. Primero se siente horrible, pero luego hay un gran dolor y luego un vacío que abarca todo el corazón. Así se siente. Mi rosa ayer me dijo que no me quiere y que se prometió a sí mismo no volver a sentir porque ya hubo una "Única" que le coronó con un dolor para toda su vida.
3. Yo ya lloré casi toda la noche mientras bajaba un antivirus para matar a un troyano de mi laptop. Hoy el día está gris, literalmente, llueve y hace frío. Escenario tan simbólico de lo que se cocina aquí arriba del volcán. También lloré un poco más por la mañana y es que me quedé dormida y nunca pude matar al troyano y luego pues dormí y soñé algo más simbólico.
4.Estaba en un mercado, de esos donde hay venta de quesos, pasteles, frutas, verduras, mariscos, embutidos y hay quien cocina comida para sentarse y comer. Bien limpios y cuidados, recuerdo haber visto uno en Calgary, pero con más aire mediterráneo, por lo colorido y la gente. Soñé a mi rosa en un puesto de legumbres, lo miré porque era inevitable no sentir ese impulso de verle, pero como no suelo perseguir a la gente que decide irse, seguí mi camino y compré una pasta con pepperoni, a la cual le hacía falta para mi gusto una almeja grande que pudiera alivianar mi dolor. Busqué entre quesos y su demostración, deliciosos cuando llegaron a mi boca. Llegué al puesto de mariscos y ahí estaban cuatro almejas gigantes, hermosas con su concha brillante, que no alcancé a comprar entre me distraía en los quesos, pastelillos y otras curiosidades. Cuando llegué al puesto de mariscos nuevamente, ya no estaban las 4 hermosas almejas gigantes en el mostrador. Pregunté si tenían almejas para llevar, había sólo dos, pero sin concha, había una grande, blanca, hermosa y carnosa. Otra estaba amarillenta, pequeña y parecía un poco seca. sin vigor. Compré la almeja grande sana y carnosa, expuesta con toda su carne ante mis ojos.
5. Aquí arriba del volcán se pueden ver dos cosas, que la soledad no apena tanto, que los dolores se sumen muy abajo de la tierra, hasta lo más profundo del estómago del volcán y que aún, a pesar de todo, como una almeja expuesta sin su concha, ha una llama dentro, que saldrá cuando una rosa realmente me aprecie, cuide, respete, proteja y ame.
6. Yo por mi parte como el Principito, no pierdo la verdadera ilusión de mi corazón. La de seguir amando como siempre a pesar de las cicatrices y los callos.
7. Sigo bajando luchando contra el troyano y aún no desinfectamos la máquina, espero pronto pueda hacer uso nuevamente de ella, ya que ahí están todos mis escritos.

sábado, 24 de agosto de 2013

1. Muchas veces he escuchado que las mejores obras escritas se han logrado en plena desgracia. No sé si estoy en alguna capa de la desgracia; ya que no tengo dinero, ni he firmado contrato de mi trabajo porque simplemente estoy fracturada de un pie y lo que puedo comer, un tema interesante y cotidiano, cabe en una bolsa para poder trasladarla al sillón donde debo tener la pezuña en reposo, así como batallo para moverme dentro y fuera de casa con un dolor que sólo me hace gritar "demonio".
2. No he escrito porque la desgracia no la siento; ya que han estado aquí los amigos, los pocos, pero a los que amo tanto.
3. Y los maestros de quienes aprendo mucho. Gracias a todos ellos por siempre ampliar este poco conocimiento que me acaricia.
4. La desgracia no inicia a ser escrita en la banca rota, en la falta de comida, en la imposibilidad de moverse a placer, en el rechazo laboral sin ser culpa de la integridad humana, la desgracia sería la de no poder amar a nadie. Y créanme, que cada que llaman ellos, o vienen a casa, me siento feliz.
5. Lamentablemente aún no le caigo bien a la desgracia, no al menos completamente. Porque aquí la amargura de un largo día, la vienen a derrumbar mis amigos-hermanos.
6. Gracias.

viernes, 16 de agosto de 2013

1. Tal vez fueron las circunstancias de poco dinero, de ser extranjeros, de la soledad y el extrañamiento de estar lejos de casa lo que nos llevó a una buena amistad. A Edgar Ramonet lo veo tocando la ventana del basement unos días antes de irme de Toronto.
2. Cuando Dios me da su fuerza, es porque yo estoy tan débil y le agradezco que esté en mi mente como es, como la forma del otro, de mi otredad.
3. Me llueve aquí dentro, me llueve con mucho dolor. Pero sé que Él no me deja, no al menos como un pensamiento que me hace fuerte y suave.
4. Ayer vino Pandi y aunque no le dije, le di mi lealtad y mi amistad. Sólo aquellos que la han perdido, saben cómo se siente. Suena ego, pero lo digo por aquello que me escriben en momentos de necesidad.

martes, 13 de agosto de 2013

1. Escribir es más que género, dinero, escrúpulos y estereotipos.
El muñeco de felpa
 Por Isadora Montelongo 

─Te ves muy guapo hoy.
─Me he caído dos veces (vuelve a caer). Tres y no pasa nada. Es por el relleno.
La joven madre está nerviosa. Mira a todos lados tras los vidrios polarizados. Busca impaciente la presencia de algunos perros en la central de autobuses. Un policía que custodia la sala de espera de la central camionera, le habla con el español mocho y la deja encerrada. Ella enciende un cigarrillo mentolado, que compró hace algunas horas. El tabaco se estremece entre los labios de la mujer, ella tiembla suavemente, mientras espera. Mira el letrero del camión que parte hacia Los Ángeles; California.
La mujer da vueltas de aquí para allá en el reducido espacio.
Ellos se ven, uno al otro se voltean  a mirarse las caras, sonríen.
El niño que acompaña a su joven madre mira al muñeco de felpa y el muñeco de felpa le mira.
─ Necesitou sus Passports, ─dice el oficial  cuando vuelve y abre la puerta.
La joven busca en la bolsa, riega todos los  cosméticos que compró en el mercadito del jueves. No encuentra los pasaportes. Los busca nerviosamente en la única maleta que lleva acuestas, ante la mirada insistente del policía , esparce la ropa del niño y los pañales entrenadores. La joven madre lo encuentra, lo pone con la mano temblorosa en las manos del oficial, espera nuevamente adentro de la habitación bajo las órdenes del policía de inmigración.
La mujer camina de un lado tras otro, piensa en lo que hizo bien el día jueves.
─ Me gustas (se abrazan)
─ Tú también me gustas (se abrazan)
─ Eres mi mejor amigo, desde que te conocí.

***

El sol penetra la piel, el calor reseca las gargantas de los transeúntes el día jueves. Dinora pregunta un precio tras otro, compra y todo lo echa a la bolsa, lleva a Kevin de la mano, el niño se suelta, corre a un puesto de juguetes usados que ha visto desde un largo rato, toma a un  muñeco de felpa y lo abraza sin querer soltarlo.
Dinora arrebata al muñeco de felpa de los abrazos de Kevin. El chico llora y no para de gritar. A la madre no le queda más remedio que preguntar el precio del muñeco de felpa. Ella lo manosea,  vuelve a preguntar el costo hasta que regatea, paga y se lo da a Kevin.
─ Me duele cuando me aprieto el estómago, ─Kevin empieza a hablar inmediatamente con el muñeco.
─Yo te cuidaré.
─No dejes que me vuelva a tocar la boca con todos sus dedos. Mamá fuma y los dedos le huelen feo.
─ No dejaré que te toque.
─ No siempre me duele, sólo cuando vamos a Los Ángeles.
Un cholo chifla. Dinora, lo ve, le hace un gesto, deja al niño con el muñeco de felpa dentro de su camioneta vieja que estacionó a la orilla del tianguis. El chiquillo juega, balancea al muñeco de felpa por el asiento. La madre voltea a todos lados, el cholo se acerca, presumiendo tenis blancos y pantaloncillos cortos nuevos. Introduce discretamente una bolsa negra en el bolso de la joven, mientras la abraza. Le da instrucciones. La mujer asiente insegura. El cholo con la cabeza rapa la toma del brazo, se acerca al oído y la estruja.

***

─ Siento que voy a vomitar.
─Si vomitas te vas a manchar y echarás el taquito de barbacoa.
─No aguanto, me siento mal.
Dinora da vueltas vertiginosamente sobre sus pasos. Se siente nerviosa de estar encerrada en la cabina del guardia. El niño y el muñeco de felpa la miran. Dinora va de un lado para otro.
─ Abrázame y te sentirás mejor. ¿Quieres que recemos?
─ Sí

***

Dinora entra a la camioneta, después de hablar con el cholo. Hace que Kevin se recorra en el asiento, abrocha su cinturón y le explica que ese día cenará mucho en los taquitos de adobada que le gustaron desde que llegaron a Tijuana, cerca del mercado Hidalgo, que le comprará lo que él quiera, que irán a la casa donde se hospedaban y se dormirán hasta tarde, siempre y cuando se porte bien como cuando estaban en su casa de Monterrey y se coma todas  las albóndigas blancas que parecen de masa dulce.
Kevin cumple  con la primera parte (comer todas las bolas blancas). Pero mamá no le consintió ver tele, porque vomitó todas las bolitas que mamá le dio.
Kevin ya no quiere ser el que lleve las albóndigas blancas en la panza. Quiere ya no sentir el estómago revolverse cada que entran y salen las albóndigas. Kevin, aunque le gusta la ciudad de Los Ángeles, ya no quiere ir.
La madre muy temprano lo despierta y se lo lleva al altar de Malverde para pedir que todo salga bien en el viaje a Los Ángeles.
─ Mira, así, junta tus manos y reza al viejo bigotón al que le dejamos la piedrita en su casa verde.
─Malverde.
─ Rézale, con los ojos cerrados.

***

Dinora se asoma por la ventana del cuarto de espera. Ve venir al policía. Él la hace pasar directo al siguiente camión que va para Los Ángeles. Dinora le entrega un sobre, él lo esconde y la escolta al autobús. Kevin y el muñeco de felpa avanzan.
Dinora avanza aprisa al paso del oficial.
─Apúrate.
─No voy a poder correr, tengo ganas de vomitar.
Kevin vomitó todo la noche anterior. Durmió enseguida abrazado del muñeco de Felpa. Dinora deslizó sus manos y lo arrancó de los brazos del niño, lo abrió con mano experta y le quitó el relleno suave. Lo sometió al ejercicio de las albóndigas blancas. Abrió la boca del muñeco y metió una albóndiga polvosa, que le dio el cholo en el mercadito de Hidalgo, una tras otra, hasta completar cinco. Kevin despertó y molesto reclamó la compañía del muñeco de felpa. Dinora le regresó el muñeco de felpa para que parara de gritar en el berrinche.


***

─Tú puedes aguantar. Yo he aguantado todo lo que me mete mi mamá.
─No voy a poder.
─No vayas a vomitar, porque mi mamá se va a enojar y luego ya no nos va a llevar a Los Ángeles. Y lo peor es que ya no tendremos dinero.
Dinora entrega los pasaportes, toma a Kevin entre los brazos. Kevin carga al muñeco de felpa sobre su cuerpo. El policía la deja pasar hacia el andén, cuando ve que no hay ningún perro entrenado cerca.
Kevin, aprieta al muñeco de felpa y le da ánimos para que no vomite como vomita él cada que su madre lo lleva de viaje.
─Tengo miedo.
─No temas. Yo voy a estar contigo todo el viaje, como mi mamá ha estado conmigo. Ya verás que pronto va a pasar rápido cuando estemos del otro lado.
─ ¿Duele?
─ Poquito
Dinora, Kevin y el muñeco de felpa cruzan la frontera. Kevin sonríe  y el muñeco de felpa también.

─ Ya casi se termina todo, ─ dice Kevin abrazando cariñosamente a su amigo de felpa.

sábado, 10 de agosto de 2013

Sigo con el yeso y no me pierdo entre los recuerdos...

1. El día empezó nefasto, pero estaba ciega y quería fiesta. Nadie se apuntó. El chico al que invité desde dos días con anticipación, rajó leña (y con lo que me gustaba). Ir sola no me detiene, suelo estar sola mucho tiempo, pero me he vuelto más tímida que otros años, ahora debo cuidar mi imagen de maestra y narradora. Las cosas no son como cuando estaba en Canadá que podía fumar un poco de w... con mis alumnos y los homeless con los que me reunía cerca de casa (y es que la gente es más comprensiva o menos puritana). Me encontré afuera del bar al que frecuento porque hay buen ambiente, camaradería y siempre tengo con quien hablar. Estaba cerrado. Le hablé al morro que rajó. Y bueno, a fuerza ni los zapatos... Me gustan los hombres entrones, caballerosos y  que lloran con un solo ojo al final del día.
2. Ely y Arlean llegaron. El presupuesto era mediocre y nos fuimos al Beto's, una cantina a la que no había ido nunca. Llegar a la puerta es respirar pipí. No es que no me guste la pipí, si es calientita y dorada, pero es que la verdad lo punketo y rebelde, hace rato lo tiré cuando cambié de calzones y le agarré afecto al dinero. No me corresponde decir que el Gobierno es una cadena oxidada que para moverse, necesita vender patrias. Ni tampoco me corresponde ponerme unos mechones de colores y vestir de negro para sentir que todo esto se lo está llevando la chingada, ni mucho menos es mi plan de vida estar ácida en contra del sistema. Pero con lo que sí comulgo es con los buenos precios de la caguama que venden ahí. Buen lugar si se tiene poco dinero y se quieren ver párpados negros a plena luz del día.
3. Lloré con la segunda caguama y es que la cerveza me provoca una especie de orgasmo emocional. Debo decir que sigo siendo alérgica a la cerveza, pero últimamente ya no se me refleja físicamente mucho. Ahora es una reacción diferente. La última me desmayé. Algo hace con mis vías respiratorias.
4. Lloré por el rechazo. Y bueno, yo siempre confundo a la amistad con el amor y el amor con la amistad, y es que México Lindo y Querido, aquí las mujeres guapas no tienen amigos. No digo que estoy guapa, pero no estoy tan arrastrada por los perros de la calle.
5. De ahí cotorréamos, conocimos y nos movimos al Mariscos, sólo para no quedar con la cosa tan seca. Agarrar gasolina antes de comenzar a bebernos el cielo.
6. Terminamos en el Chac mool bebiendo, saludando gente, haciendo lo que uno hace cuando se siente social y no encuentra dónde chingados sentarse. Quitar asientos y comenzar el diálogo. El diálogo fue de esta mafia y aquella obra, de cuánto han cambiado los tiempos y qué desgraciados nos estámos haciendo. La verdad no me acuerdo. Para ese momento yo ya me había olvidado del objeto de mis afectos y había conocido raza nueva. Estaba alegre y me movía con el viento.
7. Se nos acabó el dinero y esa fue la búsqueda.  Ahí, fue, en una correteada, que perdí el pie, me lo doble, mas no caí, y empecé a cojear sin saber que tenía una fractura del demonio. Yo volaba, con o sin pies, abría la calle y recorría el asfalto. Estar pedo te ayuda a no sentir...
8. Las caguamas cuando se está herido son más frías. Las amistades más calientes y los besos en pleno Moctezuma son recordados. Besé a dos morros, uno a cada lado. Nada más para que no me faltara distribución de la merca que otro no quiso.
9. Al final toqué la noche en la cama de un motel. No sé si fue Ely o Arlean los que se quedaron a mi lado. Sólo sé que alguien mojó la sábana, ¿con qué?, tampoco lo sé.
10. Desperté viendo las nalgas de Ely, mientras se miraba al espejo después de bañarse, y fue momento de saber que las seis horas de motel habían acabado.  Regresé a casa, donde dormí todo el día queriendo ir al hospital...

http://www.youtube.com/watch?v=1JMrxyv8B_8

miércoles, 7 de agosto de 2013

1. Tal vez mucha gente no crea en el destino o en las casualidades. Y aunque esto fuera una causalidad bien explicada con hechos objetivos, puedo decir que el fracturarme un pie y orillarme a estar en cama, me obliga a escribir.
2. No había escrito nada desde entonces, pero a raíz de los tres días que llevo, he comenzado a hacerlo de nuevo, las ideas van surgiendo poco a poco, como el pico del pájaro recién nacido que rompe el huevo.
3. No fue la borrachera ni la parranda peligrosa terminada en un motel con el pie roto. Fue esto: Que me obligaran a escribir.
4. Dios tiene formas misteriosas de hacer las cosas.
Jesús Clonador
(borrador)
Por Isadora Montelongo 

No sé cómo comenzó todo. Sólo supe que Él estaba aquí, no sólo en todos los canales de televisión o en las Iglesias más importantes de las ciudades. Él estaba  aquí y en todos lados. Lo clonamos, dijo la compañía de genética que llevó a la quiebra a toda la competencia de productos transgénicos y de la famosa oveja Dolly que resultó en un fracaso  muchas décadas atrás. La Compañía Clonadora de Jesús aseguró que la presencia de Él en todas partes, sería un rescate a la integridad perdida del ser humano. Una puerta a la confirmación de la resurrección de la más perfecta creación de Dios en la tierra. La comunión entre la ciencia y la espiritualidad institucionalizada alrededor del mundo.
Yo veía el televisor cuando por primera vez lo vi. Lo habían mantenido oculto por 33 años. Salió ante la humanidad con una bata blanquísima y una barba trigueña y el cabello a rapa, no precisamente con aquella melena con la que las personas le conocíamos desde los primeros tiempos. La pantalla lo hacía ver inseguro. Ni si quiera habló. Se ocultó detrás del Presidente de la Compañía Clonadora de Jesús y del Presidente de las Naciones Unidas, del Presidente de los Estados Unidos, del Presidente del Reino Unido y de la familia Rockefeller.  Todos y cada uno de los Presidentes de los diferentes países que quedaban en el mundo estaban ahí, los dirigentes de la tercera parte del mundo que había sobrevivido a las catástrofes que creímos eran las del Apocalipsis.
Él con los ojos grandes, claros, aceitunados, cristalinos, su cabeza descubierta y su cuerpo alto y esbelto nos hablaba silenciosamente sin hablar.
Respiré y tomé a mi hija de tres años en mis brazos. Le enseñé lo que aquel hombre significaba desde que el tiempo fue tiempo. Mi hija sólo veía a un hombre a rapa común y corriente de bata blanca parado detrás de otros muchos hombres de traje sastre negro.
La Compañía Clonadora de Jesús, aseguró que no sólo se trataba de un clon extraído de la antigua tumba de Jesús que quedó bajo el mar muerto después del tsunami. Sino que se trataba de 33 hombres más, distribuidos en los diferentes países del mundo, movilizándose de ciudad en ciudad, llevando la esperanza humana de la creación a todas partes.
No hablaban, así que no se podía decir que dijeran la palabra de Dios. Sino que llevaban esa presencia silenciosa a todos lados, a los shows de televisión, a las ferias tecnológicas y genetistas, a las reuniones políticas y religiosas,  hasta que llegaron a la ciudad donde crecí toda mi vida.
La ciudad estaba preparándose para la venida de uno de Ellos, los demás recorrerían  y harían gira internacional, por varias partes de la tierra. El gobernador y el alcalde habían formulado un recibimiento de primer mundo, tal cual, lo habían hecho hasta en la población menos favorecida del planeta. Después de las catástrofes todos se habían convencido que la Religiosidad y el Estado  tenían que unirse para reactivar la esperanza humana sobre la hambruna, la devastación, el ataque de las plagas, la contaminación de los ríos y mares y sobre todo del odio humano que había contaminado a la mayoría de los pobladores realizando levantones, revueltas y matanzas por lo poco que quedaba.
Fueron los pocos que quedaron de las congregaciones cristianas quienes comenzaron a dar el primer paso. La Iglesia católica había quedado hundida tras los terremotos terribles que la dejaron destrozada, más los escándalos provenidos dentro de su institución décadas atrás. De las demás religiones no creyentes a Jesús, tomaron voto a favor de la iniciativa que proponía la compañía Jesús Clonador.
La población poco a poco durante 30 años fue volviendo a un cauce normal. Sin embargo, todos sabíamos que se necesitaba más que un milagro para que la humanidad volviera a reaccionar.
La plaza principal de la ciudad había sido reconstruida para la venida de Jesús, la gente aglomerada hacía cánticos de diferentes especies, el lugar era una boca que no dejaba de cantar. Mi hija me miraba con esos ojos vibrantes y oscuros que no sabían lo que esto significaba para la humanidad entera. La esperanza de que todo aquello que había sido destruido, parecía quedarse atrás.
Lorena me miró justo antes de desaparecer entre los escombros y el lodo que arrastró lo último que quedaba fijo a consecuencia de la lluvia. Yo no tuve fuerzas para sacarla de adentro del suelo, cerca de tres años atrás, en la última catástrofe registrada de las cientos que pasaron por tantos años.  La mezcla de escombros y lodo la absorbía y la gente corría desquiciada tratando de salvarse. Nadie ayudó, nadie, en los ojos de la gente había terror. Éramos como animales corriendo de un lado a otro en camadas feroces. Sostuve a nuestra hija y vi cómo su madre desaparecía entre los escombros, ahogándose poco a poco como una flor en el fango que va adquiriendo el color de la muerte.
La pérdida de Lorena fue sólo un comienzo de un bucle de desesperación, hambre, angustia, odio y lucha.
Por días quedamos incomunicados sin nada qué comer, la lluvia siguió y el suelo no era seguro, un golpe de lodo tras otro.
Estar ante la expectativa de un clon de Jesús, abría puertas hacia la luz de una nueva época, hacia la reconstrucción total de lo que el pasado nos había arrebatado en cada rincón del mundo.
Nadie había escuchado a los clones hablar, nadie desde su creación. 33 años habían permanecido en silencio.
¿Cómo pudieron saber que esta vez hablarían? Nadie lo sabía, pero no permitíamos que una duda dejara un hueco dentro de nuestros corazones. No esperábamos que la palabra saliera de sus bocas. Sólo estábamos ahí por un trozo de esperanza.
Todos ayudamos con las palas y carretas a quitarle los cuerpos de nuestros seres queridos a las entrañas del suelo. Desenterré a Lorena, justo frente a los ojos de nuestra hija. Desenterré su cuerpo mojado, pintado de tierra y frío como todo lo que había quedado abajo. Hecho lodo.
Mi hija me abrazó y borré cada recuerdo ante su sonrisa. La plaza estaba de un color blanco, todos con las posibilidades a nuestro alcance se alzaban con la emoción dentro del pecho de presenciar la historia en carne y hueso frente a nosotros.
La plaza tuvo a su Jesús, en una bata blanquísima que se podía ver relucir desde lejos. Los dirigentes políticos y los dirigentes religiosos hablaron, pero Él calló, como un maniquí que sólo mira. Fueron los eventos simultáneos en todas partes del mundo,  a las tres de la tarde fue un silencio, en algunos lados con un sol intenso, en otras con variación de llovizna y vientos leves.
Jesús alzó los brazos a medio discurso del Gobernador y un silencio descomunal se hizo.
─ No hay esperanza, ─pronunció con una voz dulce y clara.
La turba permaneció callada, los corazones en taquicardia y adrenalina querían llorar, gritar, desesperarse, como en los días de las catástrofes.
─ Aquí, no hay esperanza, sino la que el hombre siembre por sí mismo sobre el corazón de su prójimo.
Jesús bajó los brazos y se quitó la bata blanquísima, bajó al tumulto y la gente lo vio caminar. Alguien le dio una camisa, otro le dio su pantalón hasta que lo calzaron y vistieron como a uno de nosotros.
Jesús era un clon de la historia de la humanidad. Bajó y se perdió entre la multitud como cualquier otro.
Eso sucedió en nuestra ciudad, un grito de esperanza que teníamos que sacar de nuestras propias manos para hacerlo realidad.
Luego del evento, en las noticias hablaron sobre otras ciudades del mundo, donde Jesús corrió diferente suerte. En Suecia, por ejemplo, fue asesinado frente a las instalaciones de la Compañía de Jesús Clonador; en Inglaterra, fue acusado de locura y lo llevaron a un manicomio donde jamás le creció el cabello; en España, Portugal, fue aceptado dentro de las Instituciones como un dirigente espiritual. Europa se dividió más de lo que se esperaba a raíz de su clonación, pero acá en nuestra ciudad, dicen que lo han visto por ahí en la lucha libre, en los barrios bajos, de cantina en cantina y hasta en un trabajo de oficinista de ocho horas que no cree que el mundo se salve de lo que el mismo mundo ha creado.
Yo no supe cómo fue, ni cómo comenzó todo, pero sus palabras, las pocas, siguen estando en mi corazón y relucen como la palabra de un Dios cada que veo sonreír a mi hija después de toda la destrucción.

Hoy no vi nada nuevo en las noticias, sólo a mi hija hacer la tarea frente al televisor, recordándome lo mucho que se parece a su madre. 

viernes, 12 de julio de 2013

Confesiones de Cuqui Almendra





Hace mucho le puse nombre a mi corazón. Bautizado como Cuqui Almendra. Se propuso  bajarle al colesterol y no comer más carne asada cada domingo con la familia regia. Y es que el corazón se alimenta de sirloin, arrachera y costillas de res cuando se la ha pasado muchos años solo y deportado del país del enamoramiento.
Aunque la verdad, el país del enamoramiento aún queda lejos de Cuqui Almendra, y no se diga la ciudad del amor, es sólo que a Cuqui le ha dado por viajar desde que conoció a “este bato”, sin pensarlo, porque Cuqui no piensa, compró un vuelo directo a la frontera del “deseo”. Deseo border.
Y es ahí cuando comienza toda confesión:
Me he quedado escuchando a Calamaro toda la noche. Los amigos han ido a comprar droga, cervezas y a gritarle a sus chicas que esa fue la última mamada que les han hecho.  ¡Ábrete, morra, a la verga! Grita uno por celular. Pura finura andando en cuatro patas. Así se terminan las relaciones de los hombres de hoy. Caminando por la calle en búsqueda de más vicio y desahogándose con malas palabras y heridas narcisistas que avientan chispas por las redes telefónicas de telcel a chingos de precios el minuto.
Yo me quedo en casa, frente a la computadora y por más que lo intento, a mí me cuesta acercarme a cada letra y no escribir el nombre del susodicho, y podría culpar a cada canción de Calamaro, pero la verdad es que un pedazo de alfabeto producido y grabado en la Patagonia, me pone a abrir el escenario de hace dos días.
Tú, yo, muchos.
Noche, mesas, alcohol.
Rockola, policías, baños,
camisetas, abajo, arriba.
Cosita rica.
La vida no me alcanza.
Esa noche la soledad se le acabó a Cuqui Almendra, pero las fuerzas para decir que no, también.
A la séptima rola de Calamaro ya estoy desquintando en no volver a verle, en no necesitar más de esos besotes que han dado directamente a la principal arteria del corazón. Aorta, Aorta, y a(o)rta está Cuqui de sentir el deseo derramar como toro en plena corrida con chingos de banderillas encajadas en el lomo, esperando el último estoque. Sólo porque al terminar esa noche, al bajarse del auto, ni si quiera se despidió.
No escribo y el cuarto se inunda de la voz de Calamaro, los chicos vuelven con una botella de tequila, new mix de sangría y unas cheves. Esta noche no hubo suerte y ni un coco de mariguana se consiguió. Tal vez, en el departamento de vuelos para estar en lo más alto del cielo, ni Cuqui Almendra con todo y pasaje pagado a la frontera del deseo, consiguió aterrizar lo que se debe aterrizar en esos encuentros: Un músculo que no se involucre con el deseo y una capacidad de decirle a los muchachos: Pasemos a otro tema. 



1. Sólo quiero escribir y cantar. Aunque ninguna de las dos cosas las haga bien.
2. Mucho trabajo y nada de escritura.
3. El verano ha sido algo besucón, lo cual me agrada.
4. Me gusta mucho la persona de mis deseos, mucho, mucho.

jueves, 27 de junio de 2013

1. No sentí nada hasta que salí de ahí, de la escuela donde fui teacher por cinco años. Sentí nostalgia de no volver a ver a los niños que me hicieron "La Teacher", aquella que los vio en su torpeza para leer y escribir una palabra en inglés cuando estaban en primer año (6 añitos), y a la que le enseñaron la paciencia y el lenguaje infantil que siempre perdona. Y con el paso del tiempo pudieron con toda destreza escribir y leer en inglés; así como esta teacher aprendió a aprender de todos ustedes.
2. Los quiero mucho chiquillos  de quinto grado de la Antonio Cárdenas. Me enseñaron a ser una teacher feliz, gracias.
3. Cualquier cosa que hagan, los quiero mucho. Así como Toyota quiere a su papi, así como cada cuento de terror en el salón, los llevo en mi corazón con emoción.

jueves, 6 de junio de 2013

1. He estado leyendo a Norberto Levy. Antes de comenzar a leer "el miedo", sé que ese sentimiento trae consigo un recuerdo que me aterró.
2. Era 2006 y en ese entonces, la persona con la que convivía, quería casarse. Yo no quise casarme, y viajé 10 horas lejos de esa propuesta de matrimonio.
3. Casarme me da miedo, y es porque rebasa mis capacidades de amar. Sólo puedo enamorarme, pero no puedo comprometerme. (No significa que sea infiel)
4. El miedo  te descubre ante el mundo, pero también hace que  la parte más débil que posee uno, sea descubierta por nosotros mismos.
5. Siempre he intuido que el amor siempre ha amenazado mi libertad, aunque duela reconocerlo.
6. A pesar de no saber qué hacer, lo que sé, es que no quiero causar ningún daño a nadie.
"El miedo es una valiosísima señal que indica una
desproporción entre la amenaza a la que nos
enfrentamos y los recursos con que contamos para
resolverla." Norberto Levy

lunes, 3 de junio de 2013

Denver
(borrador)
por
Isadora Montelongo


Dedicado a Denver y a sus cacas
 

Me volvió la depresión. Tomé la pastilla y puedo asegurar que toda la mañana busqué un cuchillo con el cual rebanarme las venas, pero en realidad no lo recuerdo. La búsqueda fue inútil. El perro ladró por la mañana y se aseguró de que no hiciera ninguna locura. En casa  todo  está protegido por los constantes arrebatamientos, y puedo constar que ninguna de las precauciones las hice yo.
El perro ha seguido ladrando, creo que lleva días sin comer o por lo menos yo no lo he alimentado. Yo no me he quejado tanto por lo mismo. Pero los animales son animales, ellos no se arrojarían de cabeza a un barranco. Tienen un sentido insano por la vida. Sólo el ser humano tiene la gracia de parecer ridículo dentro de sus pantalones o dentro de su propia vida.
Mi perro se llama Denver, es negro, vengativo y conspirador.
Hace días lo llevé en el auto y recorrimos las orillas de la ciudad, subimos a lo más alto de la montaña a uno de esos suburbios de ricos que hunden su cabeza en galones de petróleo  y atan las manos sobre millonarias cuentas bancarias, mientras sus pies bailan sobre el resto de la población.
Denver olfateó el lugar, hizo lo suyo con su aroma de macho peludo, negro y posesivo. Yo miré hacia abajo, me abrí de piernas, bajé el cierre del pantalón y meé todo el jugo acumulado por un par de horas en las que no quise levantarme de la cama ni si quiera para ir al baño.
Descargué un amarillo añejo que Denver no tardó en oler. El suburbio estaba ahí, sobre las faldas de un cerro que imponía su carácter que golpea el cielo con el filo de sus rocas. Con un cielo sangrado de azul clarito, con algunos disparos de nubes que yacían bajo el temple del cerro.
Yo sólo pretendía cagar, mear, escupir la basura humana que miraba bajo mis pies. Y luego, tal vez, después de la  primera fase de depresión. Morir. Y llevarme a Denver conmigo.
Me sentí terriblemente triste. Lloré la injusticia social como si fuera una niña que acaba de menstruar por primera vez y toda la clase ha visto la mancha roja sobre su  falda del uniforme del colegio. Me senté por un momento sobre los meados de Denver, se unió y me olfateó hasta que el sol nos dio en la cara un zape de luz.
El calentón en la cara y el pecho, hizo me levantara de prisa, con el enojo latiendo,  con el aceleré y la furia de derrumbar las primeras bardas de algunas residencias y demostrarle a los poderosos que un perro infeliz puede estropear sus bardas de piedra importada.
Subí al auto y Denver vino conmigo como una mascota egipcia que está para yacer junto a su amo. Arranqué con los huevos sobre el acelerador y bajé a toda velocidad por el barranco. Hacía sonar el claxon como un pequeño diablo, los guardias se asomaron y volé la primera barda de la privada, fueron pocas las abolladuras en el auto y las piedras al viento, muchas. Denver comenzó a morderme y a agitarse. Él no quiere morir, pero yo soy su dueño quien busca ir a parar al infierno. Recogimos el polvo del asiento. Iba con esas ganas en que se tira la depresión de la cama al siguiente día cuando sale el sol y se quiere beber toda la cerveza del mundo a las 7 de la mañana.
Denver ladró cuando eché un grito de locura.
Había una señal en la pared. Una señal donde las piedras pueden golpearte la cara y hacer que pierda uno la cordura.
Los pedazos de una primera barda alentaron la esperanza que se puede amar a alguien en la vida, que se puede vivir un día completo sin la menor tristeza y que siempre hay alguien a tu lado que te necesita como a un perro.
El aire ni si quiera ponía resistencia, el cofre del carro se veía justo como una flecha y yo gritaba con la plena certeza de hacer lo correcto en el nombre de la desesperanza de la clase social trabajadora y aplastada por el cuello. En el nombre de la gente a la que tratan peor que a un perro.
Los vigilantes se acumularon, cuando di la segunda embestida con el auto.
Dicen que Denver me sacó del carro, con todo y sus patas heridas. Dicen que lo primero que hizo fue mearme y lamerme  la sangre hasta que  la ambulancia llegó. Los paramédicos no podían asegurar si  la sangre era de él o mía.
Ahora tomo la pastilla una vez al día, cuando el perro ladra por la mañana y me mira fijamente con su pelaje negro que oculta los ojos de un animal conspirador. Sí, Denver me salvó de una muerte segura, pero no de una vida.
Yo sólo sé que los animales aman la vida, pero pueden odiar a sus dueños haciéndoles sentir lo que es la esclavitud como todos aquellos que viven en lo más alto de la montaña en uno de esos suburbios con bardas de piedra importada a las orillas de la ciudad.



domingo, 26 de mayo de 2013



1. Esta vez no fue el amor que se alejó de mí. Yo me disolví fuera de su sitio.
2. El problema es la anécdota, ni si quiera los personajes. Me falta estructura, lenguaje, tiempo, pasión. La anécdota siempre es la misma. Se ama y se hace egoísmo.
3. Sé lo que quiero y no me interesa preocuparme por el amor. No pienso más en él.

sábado, 25 de mayo de 2013

1. Me despido antes de intentarlo todo.
2. Me despido porque no quiero caminar en el círculo, en ese mismo círculo que ya una vez tuve entre los pies y me consumió hasta lo más alto de la garganta.
3. Estoy bien sin entrar ahí. Me da pena dejarte, duele, pero es mejor así.
4. Yo te lo dije, siempre me arrepiento. El arrepentimiento para mí es una tonada clásica.

viernes, 24 de mayo de 2013



1. La tarde se humea dentro de una taza con café. Pienso en ti. Tu sonrisa se asoma y me delinea los labios. Tengo espuma en el horizonte que retiras con el dedo de tu mano. Y sigo pensando en ti, aquí conmigo.

jueves, 23 de mayo de 2013

1. Hace tiempo no sentía nacer este cariño como un grillo que sale de noche y criquea sus patas. Tengo cariño por una persona especial.
2. El corazón se me llena de miel, pero controlar el motor es básico para que no se rompa en el primer arrancón.
3. Aunque sé que el infortunio de la decepción es algo que siempre cruza la cuerda.
4. Por lo pronto es lindo tener el suelo suave y los pies duros.

miércoles, 22 de mayo de 2013

1. Tengo puras ideas huecas y ni un sombrero que las cubra del sol. Total, para eso es la vida, para cagarla sin arrepentimientos.
2. Estoy hasta la madre del calor del astro rey. Yo no soy Kepler para admirarlo.
3. He comenzado a vivir, no alocadamente como antes, pero sí he comenzado a vivir.
4. Me ha pasado algo. He desarrollado un miedo por los niños, tal vez, es algo proporcional a los años que he dado clase en una escuela primaria. Ahora sé que la bondad humana tiene sus límites y acaba en cada cabeza de tres años.

De la serie Qué hueva me da el jale
Un accidente para escapar
(borrador)
por Isadora Montelongo


Todos en mi trabajo me cagan. No porque haya un tesoro debajo de sus almohadas, sino porque son personas que han olvidado ser.
La franquicia del pensamiento propio y la personalidad auténtica han perdido socios. Estamos ante una sociedad que se pudre en su propio charco.
Fue como aquel día que me encontré resguardándome de la lluvia en el automóvil. Tuve la misma reacción antes de llegar a las puertas del estacionamiento, pararme, dar reversa y salir huyendo de ahí sin entrar al edificio. Quería recorrer la ciudad con el cabello al viento, los lentes oscuros manchados por  la lluvia y la idea lejana de las caras insoportables y amargadas de mis compañeros de trabajo.
La idea surge como un tornado en el estómago. Doy reversa y me quito la corbata, las ganas de llegar a donde sea con la última gota de gasolina se esparce por las avenidas.
Acelero como la primera vez que di un beso después de un masaje en los pies por una chica guapa del colegio, a quien mordí en cada parte del cuerpo.
Siento el volante y las ganas de darle batalla a la lluvia, primero 60 kilómetros y las gotas se parten en el parabrisas, luego 80 kilómetros y el viento galopa sin contemplación sobre el techo del auto y luego 120 km y paro en seco sobre las ruedas de un tráiler frente a mí.
El cofre del auto se hunde y los pedazos de los faroles quedan destrozados como la imaginación de los compañeros de trabajo, el auto puede andar a toda velocidad tocando el pavimento con las llantas libres y resbaladizas hasta que una masa de fierro con ruedas que se supone que va en la misma dirección se lo impida.
La vida es como andar  a toda velocidad sobre una avenida mojada, puede ocurrir que un tráiler se atraviese y te impida el paso o puede ser que no haya nada en el camino que te impida vivir bien.
El jefe me llama y me dice que me han visto dar reversa en el estacionamiento. Yo sólo le digo que voy rumbo al trabajo, pero que necesitará tener un gran seguro para cubrir los daños de mi convalecencia laboral por el choque a menos de 100 metros de ahí. Tengo en cuello lesionado y una costilla adolorida, pero nada grave.
Todos en mi trabajo me cagan, pero yo les cago más a ellos porque el tesoro que tengo es arriesgar lo que no he olvidado ser. El que mejor lleva el volante a casa.
Ahora tengo 15 días de incapacidad que me he pagado con un masaje de rehabilitación directamente desde la playa, sin una llamada de trabajo.

martes, 14 de mayo de 2013

1. Una de las cosas que más me asustan es morir por el cuello, el diablo y regresar la mirada al pasado. Sin embargo, a veces voltear al pasado no es tan malo, muchas de las veces se mira a gente que se quiso mucho, o se estima. yo estimo a los amigos que por razones que no se logran entender, hubo separación.
2. Las cosas nunca son como antes, esa es la magia del tiempo. Es como una bebida de kool aid, pinta mucho en el momento, pero cuando pasa el tiempo, el color se cae.
3. Bueno, a veces hay flow y el universo hace lo suyo para apoyar la energía a tu favor, otras, no hay flow.
4. La vibra positiva, es la intención de mirarse a uno mismo como se mira al prójimo. La vida es chida. Estoy contenta. Ya todos los círculos terminaron por cerrarse.
5. Vámonos. Estámos listos.

lunes, 13 de mayo de 2013


10 días
 (borrador)
Por 
Isadora Montelongo 
Dejé de lavarme los dientes cuando anunciaron el fin de mundo. Eran 10 días los que los comentaristas de cadena nacional informaron que le quedaban a la humanidad.
Flor lloró después de escuchar la noticia, toda la mañana tuvo esa mirada de desconcierto antes de irme al trabajo y cuando regresé, ella ya no estaba. Me había dejado una nota con la esperanza de obtener mi perdón por correr tras el amor de su vida, el cual no era yo.
No me quité el anillo de casados, simplemente porque ya me había acostumbrado a él, como ir al trabajo, levantarme a las seis de la mañana, bañarme, secarme el cabello con la toalla y vestirme con el uniforme de la oficina que tenía un color para cada día. Lo que sí dejé de hacer fue dejar de lavarme los dientes después de cada comida. El mundo se iba a acabar y yo, tal vez, me desharía de la única costumbre que jamás me gustó ni cuando fue pequeño: lavarme los dientes.
Odiaba el sabor de la pasta de dientes.
10 días para el fin del mundo y yo por fin me liberé del sabor de la pasta de dientes.
Sebastían y yo, fuimos los únicos dos empleados que siguieron yendo a la oficina. Todos los demás compañeros y compañeras dejaron de ir inmediatamente la noticia se anunció.
─ ¿Qué vas a hacer antes que el mundo se acabe?
La pregunta de Sebastián era algo que la mayoría de la población se había preguntado. Yo sólo tenía que descubrir lo que quería hacer. No había nada que quisiera hacer, hace demasiado tiempo había dejado mis deseos atados en algún sitio que no recordaba.
─ Me iré todas las noches de parranda, cogeré con una mujer distinta cada día y me echaré en la arena de la playa fumando la mejor yerba de la ciudad, desnudo, como Dios me trajo al mundo.
Los planes de Sebastián eran un repaso de la libertad de la juventud que habíamos dejado extinguirse con la vida madura de un matrimonio, una casa, deudas, un trabajo.
Yo veía en Sebastián una llamarada capaz de encender hasta las rocas.
No le contesté cuando me preguntó por última vez antes de recoger el saco del perchero de la oficina y salir de ahí destruyendo las computadoras, saltando sobre los escritorios al ritmo de la música de rock que traía en su celular.
─ ¿Qué vas a hacer antes que el mundo se acabe?
Tuve una sensación de salir de la oficina y preguntarle a cada persona que me encontraba por el camino una y otra vez la misma pregunta.
“¿Qué vas a hacer antes que el mundo se acabe?”
El portero del edificio de la oficina no estaba, la secretaria salió huyendo tras recoger las fotografías de su familia.
─ Yo sólo quiero estar con mi familia los últimos días, tras la puerta de mi casa y que ni el ángel más fuerte me saque cuando todo esto termine.
Sus ojos estaban hinchados cuando lo dijo. Supe que la soledad había acabado con mi mundo mucho antes que el mundo se terminara y me acabara a mí.
“¿Qué vas a hacer antes que el mundo se acabe?”
─ Viajar hasta donde el mundo se acabe.
Caminé sin rumbo, iba preguntando conforme los días pasaban. A cada día, las cosas iban de mal en peor, justo a la atardecer del último día los disturbios se hicieron fuertes.
Una chica huía de una muchedumbre, vi cómo corría sin detenerse, sus ojos aterrados se posaron en los míos. Entendí que debía correr, corrimos juntos cuando una oleada de balas y estallidos comenzaron a perseguirnos.
El pecho me saltó como un chapulín, las piernas se me endurecieron y ella me tomó de la mano de repente y me jaló hacia un corredor donde con un empujón, me metió entre dos paredes. Nos ocultamos.
En silencio, su pecho contra el mío, nacía la calma en la adversidad, en el último día del mundo alguien me protegió sintiendo la misma vulnerabilidad.
Flor juró permanecer conmigo hasta el último de nuestros días, fue una boda bonita, hasta que su palabra se deshizo cuando se marchó.
La muchedumbre pasó como una lava enloquecida sobre la tierra, la gente quemó con antorchas los autos, los negocios y las casas a su paso.
Ella me miró, sin un nombre que pudiera sostener sobre el filo de los labios, y aún así, la conocía desde el principio del tiempo.
─ ¿Qué vas a hacer antes de que todo se acabe?
Frente a frente y en el final, una sonrisa gigante, dulce y amorosa me atrapó.
─ Me llamo Paula y lo que haré en el último día es ser tal cual he sido siempre, porque hasta ahora me ha gustado ser como soy.
Paula se apegó a mi pecho y yo sólo respiré aliviado de por fin saber qué haría antes de que todo se acabe. Perdonarme por lo que no hice para ser quien quería ser.



1. Una vez me preguntaron si escribí algo donde yo fuera protagonista. A esa persona (G) le contesté que sí. Sólo en dos cuentos he creado autoficción. Éste es uno.
2. No hay que avergonzarse del pasado, porque ya pasó. Y del futuro no hablemos porque aún no se hace.


 



Polvo de hadas
Por
Isadora Montelongo
Era miércoles y  me desplomé sobre la cama sin desempacar las maletas. Luis se levantó de mi lado en plena madrugada después de la fiesta, dio varias vueltas de puntillas tras cerrar silenciosamente la puerta de la habitación.
Yo estaba rendida para siquiera abrir los ojos, llorar en silencio  y mirarlo salir entre sombras.
Él y yo nos mudamos esa misma tarde con dos de sus mejores amigos (Gabo y Nando), Gabo es de Colima, ganó una beca de estudios en el Tec y conoció a Nando en la Universidad, han rentado juntos desde hace dos años una casa cerca de la Universidad. Luis les habló de nosotros y nos ofrecieron un hogar, después que renuncié al mío propio.
A mis padres les disgustó la idea de irme de casa con un fulano que según ellos “apenas y ni conocía”.
 Yo, “no era más que una huerquita tonta”, como mi padre me decía a cada momento.
A Luis  lo conocí en un call center. Nos miramos entre las llamadas de trabajo hasta que un impulso llevó a otro. Nos enamoramos.
Me fui de casa con  la propuesta de mi novio de vivir juntos y comenzar todo desde cero.
Todo era como un cuento de hadas, que se espera escribir desde el inicio hasta el final.
─Yo amo a Luis, ─dije, cuando salí con las maletas de casa de mis padres.
Gabo nos despertó tras sus llamados junto a la puerta. Se le había hecho tarde, nos dijo, y Nando ya había salido desde temprano a la Universidad.
─Si no se apresuran, estropajosos, van a llegar tarde al trabajo y a la escuela.
Despertamos enseguida. Luis colocó su mirada almendrada sobre mi sonrisa y me besó dulcemente al abrirse la mañana entre sus brazos. Conectó el estéreo y la música nos despabiló junto con las gotas de agua que detuvieron el tiempo entre nuestra piel y nuestros dedos. Luis desprendía de sí un brillo. Me propuse recorrerlo cuando le tañé la espalda con la esponja de baño hasta el nacimiento de sus piernas. Luis nacía hermoso frente a mis manos.
Odié la prisa de la mañana del jueves, que nos hacía salir corriendo al trabajo a toda velocidad, después de vestirnos, con el cabello remojado y la cara lavada.
Nos llenamos de besos en el colectivo, sellando el principio de vivir juntos, habitando en la piel del otro.
El tiempo parecía detenerse ante los ojos de Luis.
Luis era magia.
Cuando nos vieron llegar al edificio. Todos los compañeros de trabajo se dieron cuenta que ya vivíamos juntos. Nuestro comportamiento nos delataba.
─ ¿Y qué tal?, ─ me preguntó Ana, una amiga y compañera de trabajo cuando me vio llegar.
─ ¿Qué tal de qué, Ana?, ─ le pregunté, mientras encendía la computadora, me colocaba la diadema sobre la cabeza y tecleaba mi número de empleada.
─ ¿Sí es cierto? –Ana, mi compañera de mampara me hizo una señal con los dedos, como si sostuviera un churro y lo fumara por completo.
─ ¿Qué?
─ Ay, no te hagas, Mónica…
Me conecté a la consola como todas las mañanas.
─ Espera, me entró llamada…Thank you for calling the new AT&T…
Tras la insinuación de Ana, pensé todo el día en el trabajo.
 Luis vino a mi mampara después de su medio turno y se despidió con un beso rápido y efusivo en mis labios para irse a la Universidad.
Ana y yo ya no tuvimos tiempo de hablar entre llamada y llamada.
Me fui a casa y Ana trató de alcanzarme, cuando lo hizo, vio que mi madre esperaba a las afueras del trabajo. Ana se despidió de mí, evitando los rayos de la tormenta.
─ ¿Cómo estás?
─ Bien, ¿cómo quieres que esté?
─ ¿Por qué no regresas a casa, mija? Mira que todo lo podemos hablar
─ Yo lo amo…
Mamá y yo terminamos por gritarnos a media calle. Ella me siguió los pasos hasta que corrí y desaparecí de su vista.
Llegué a casa. Gabo me abrió la puerta. Nando estaba tirado sobre una colchoneta de la sala con la cara fija, jugando videojuegos a alto volumen.
─ ¿Qué onda, cómo se te hizo la party de anoche?, ─me preguntó Gabo.
─ Estuvo chida. ¿Todavía no llega Luis?
Gabo sacó un recipiente de vidrio donde viene la mayonesa, lo limpio y terminó por taparlo colocándole una liga de plástico con la que se extrae sangre. Lo llenó de agua. Y lo tapó con una tapa elaborada.
─No, ese cabrón, viene de rato, se quedó en la biblioteca. ¿Ya cenaste?
─ No, no tengo hambre.
La cocina estaba casi vacía. Había un montón de vasijas sin lavar, vasos regados por doquier de la fiesta de anoche. Me puse a limpiar ritualizando el agradecimiento por dejarnos a Luis y a mí, quedarnos en la casa de los chicos.
Gabo se quedó ayudándome en la cocina. Yo me fui al cuarto a sacar todo de la maleta. Me traje una fotografía de casa. La miré al colgar mi ropa en el armario. Mamá no entiende. Papá y ella están chapados a la antigua. Hay que conocer primero a la persona en el noviazgo, casarse, y vivir luego juntos, dejarlo todo a las buenas costumbres como han hecho ellos.
 Un aroma fuerte a yerbas y aromatizante atravesó el pasillo que recorre el comedor y la sala donde Nando juega videojuegos, el aroma llegó y se volcó suavemente sobre mi rostro.
─ ¡Pinches paletosos!, ─la voz fuerte de Luis me pegó en los oídos.
Salí de la habitación. Luis me interceptó en la puerta del cuarto, me llenó de besos y me metió nuevamente tras sus abrazos desesperados.
Hicimos el amor con la música a alto volumen hasta quedarnos dormidos.
Era viernes. Salí rápido de casa. Luis salió más temprano que yo. Me llamó dormilona después de poner la alarma con cinco minutos extras.
Gabo estaba sentado en la sala con Nando. Sus risas delataban un bienestar.
─ ¿Hoy no tienen clases?, ─les pregunté tras verlos muy sonrientes sentados frente al televisor.
Me miraron con las ojeras pronunciadas tras una noche entera de desvelo, con los ojos rojos cual dos vampiros y con una sonrisa de duende.
 Cuando llegué al trabajo Ana volvió a molestarme con sus preguntas.
─Ya Ana, en serio, si sigues jodiendo me voy a enojar contigo.
─Ok. Yo nada más te pregunto si sí tú también eres yonki. No me gustaría que acabes como Julia, la ex de Luis.
Me habían dicho que Luis fumaba mariguana, pero nunca me había dicho todo lo que Ana me había contado. Luis me había contado toda su vida, de Julia y sus depresiones, de la mariguana y cómo él la había dejado. Ana me parecía una metiche incontrolable, pero al fin, era mi amiga en el trabajo.
─ Sólo te lo digo, Moni, porque te quiero, eres bien chida. Nada más acuérdate que ni todo el amor, ni todo el dinero.
Mamá esperaba a la salida del trabajo. Me invitó una nieve como cuando era pequeña, la abrace y me entendió más calmada. Me ofreció regresar a casa, y que si quería, ellos aceptarían conocer a Luis, si él quería.
─ A como están las cosas con tanta balacera, ─me dijo mi madre─, a tu papá y a mí nos da mucho pendiente no verte de diario. Mi madre me prometió que pasaría seguido para saludarme, porque no le bastaba con las llamadas a mi celular.
Salí del trabajo y me fui a casa.
Desde tres casas antes de llegar, se escuchaba una música de dj ensordecedora. La puerta del porche estaba abierta, dos chicas con cerveza en mano platicaban. Nando me vio llegar y me abrazó eufórico. Me dijo que era como su hermanita y me llevó a bailar. Yo acababa de escuchar una conversación en el camión, de una fiesta al poniente de la ciudad, donde llegaron unos hombres armados y abrieron fuego contra inocentes que festejaban un cumpleaños en una carne asada. Me asustaba tener tremenda fiesta en casa. Pero Nando me hizo reír, mientras brincábamos con la música.
Gabo mezclaba música al centro de la sala. Había chicos y chicas que nunca había visto en mi vida. Luis estaba al fondo de la cocina conversando cariñosamente con una chica con rastas y un morral con un cordón de algodón que le atravesaba el vestido. La chica le colocó un beso en la mejilla rosándole los labios y le entregó un paquete a Luis.
─Hola, ─me acerqué tratando de no ser la típica novia psicho, como la ex, Julia, quien le haría un escándalo por un simple beso.
─Mónica, mi novia. Yoyis, mi mejor amiga. ─Nos presentó Luis y luego me abrazó, guardándose el paquete que le dio Yoyis.
Saber que ella era su mejor amiga, de la que tanto me hablaba, me tranquilizó el escalofrío que empezaba a nacer desde mi estómago.
Gabo dejó un disco de mezclas girar en la consola. Sacó un bong y lo pasó a todos. Los chicos se acercaron a la mesa y dibujaron unas mantras de las que cada quién luego iba aspirando cada una de sus líneas.
Los chicos se estaban drogando.
Miré a Luis paralizada. Ana me había contado todo y tenía razón. Desde cómo empezaba una fiesta, hasta lo que hacían por conseguir más droga. Yo me adelanté a reprocharle a Luis, mientras vi a Gabo, inhalar coca.

─Es que Moni, pa’ qué te enojas.  Yo vi con mis propios ojos cómo Julia se iba deteriorando. Ya nunca fue la misma.
─ ¿Cómo crees que Luis va a hacer eso?
─Pos, yo no sé, morra, pero eso lo vivió Julia.
Luis y yo entramos a nuestra habitación. Tuvimos nuestra primera discusión, y terminó con tres argumentos: “Yo así soy”   “y si me quieres, me aceptas” “No quiero otra Julia en mi vida que me reprima lo qué hago, lo qué digo, con quien me junto, y me haga sentir una basura”.
Luis botó una lágrima y se agachó para taparse con las manos. Había un polvo debajo de sus ojos que iluminaba sus mejillas. Luis era como un hada. Yo fui inmediatamente con él, lo besé, disculpándome. Él era todo, lo más preciado de mi vida. Lo perfecto. Eso era Luis.
Fumar mariguana de vez en cuando no parecía tan malo como me lo había expuesto mi novio. Fumar mariguana era una nimiedad a perder el cuento de hadas que estábamos viviendo, como él me dijo, cuando terminó de abrazarme con sus lágrimas dulces.
Yo quería ese cuento con su final feliz.
Me senté al lado de Yoyis. Ella me pasó un porro y nos lo fumamos juntas. Ella me contó cómo se habían conocido desde la primaria hasta la decisión que tomaron de estudiar psicología en la Universidad.
El vientre del porro entró por mi boca, una y otra vez, me agradó ese bienestar de sentirme tranquila y  parte de todo. Luis y yo, estábamos unidos a pesar de todo, como en un mundo feliz.
La fiesta terminó y Yoyis fue la última que se marchó. Una camioneta negra con placas de Tamaulipas la recogió en la esquina de la calle.
Luis me mostró a la mañana siguiente el lugar donde escondía la yerba y el polvo que Yoyis le daba a guardar. Guardó ahí también tres pastillas que le dio su mejor amiga.
─Nunca vayas a agarrar de éstas,─me dijo muy serio.
─ ¿Qué son?
─ Meths, ─me besó.
Y yo, le guardé el secreto para que Gabo y Nando no supieran dónde estaba, porque no sabían administrar el consumo de la droga y menos si era ajena.
Yo, en ese momento supe que no era sólo la novia, la mejor amiga, la amante, la confidente, sino la piel donde habitaba Luis.
Yo, al tercer día de vivir con mi novio. Yo sólo era Luis dentro de mi corazón.
Los sábados y domingos, éramos la pareja inseparable. Los lunes, martes, miércoles, jueves y viernes, éramos un beso de hierro.
Luis me besó cuando regresó de la Universidad, yo lavaba los platos cuando llegó. Me pidió guardarle otro secreto, me tomó de la mano y me dirigió hacia la habitación apresuradamente. Asentí inmediatamente y me platicó muy serio que Yoyis le había contado esa tarde en la escuela que el tipo que la surtía de merca, lo habían emboscado en la carretera de Apatzingán, se habían armado hasta los dientes y lo dejaron con la carne agujerada. Le cortaron la cabeza como a cualquier dealer por no entregar algunos kilos de mariguana o unos cuantos gramos de coca o algunas metanfetaminas al cártel contrario. Yoyis sabían que pronto los mugrosos, darían con todos los pequeños dealers que el tipo asesinado tenía en la nómina.
Yoyis era dealer y temblaba de miedo.
Abracé a Luis y se dejó desvanecer quieto entre mis brazos. Lo miré preocupado por Yoyis. Lo besé prometiéndole guardar el secreto. Me desvistió poco a poco hasta arrullarse con mis sollozos de amor.
Me hizo jurarle que si lo quería, le ayudaría a guardarle la mercancía a Yoyis, mientras salía de la situación. Accedí tras un intercambio de besos y promesas.
─ Si yo te ayudo, tú tienes que alejarte de tu amiga, aunque no quieras, ─le dije tras venirme temblando por el orgasmo.
Él se quedó callado tras un largo beso y una embestida fuerte dentro de mi vagina.
Luis al día siguiente llegó con una bolsa negra y aseguró la mercancía en una de las maletas con las que llegué de casa de mis padres, la metió dentro del cajón del buró sobre la que pone el estéreo y la cerró con llave como hacía con la caja que escondía de Gabo y Nando.
Gabo y Nando, dejaron ir a la escuela tras una balacera que hubo cercana al edificio del Tec. Antes de la balacera unos tipos altos y fornidos buscaban a unos dealers, entre ellos, estaba Yoyis.
Luis y yo, compartíamos todo, cama, aire, agua, comida, trabajo, secretos, copulas y amor.
Mamá me buscó en el trabajo como casi siempre. Me invitó a andar un rato con ella. Ese día acepté ir a casa y saludar a mi padre. Mi padre aún seguía molesto y me hizo poca conversación. Preferí retirarme antes que se hiciera noche.
Yo tenía que llegar a casa y checar que la maleta estuviera con el contenido completo y no hubiera algo irregular en la habitación que comenzamos a cerrar con llave. Luis y yo nos volvimos muy cuidadosos después del encargo que Yoyis le dio.
Cuando regresé del trabajo. Gabo estaba recostado sobre el suelo frente a Nando que sostenía  el bong entre sus manos y su vientre. Gabo y Nando se la pasaban tirados todo el tiempo desde que no fueron a la Universidad. Yo entré y revisé la maleta. La maleta estaba abierta y Nando se había puesto a guisar huevos a la mary. El descarado me ofreció y yo sentí un coraje frío caer sobre mi estómago. Le había fallado completamente a Luis y a Yoyis, pero para cuando acordé, el coraje se me había ido con el platillo con el que tanta insistencia Nando me ofreció.
Luis llegó más tarde. Lo vimos en la puerta derrumbarse y levantarse con dificultad. Lo habían golpeado unos sujetos en los pasillos de la Universidad.
─Buscaban a Yoyis, ─dijo, vomitando sangre en el lavabo del baño.
─ Pero, mira cómo estás, amor…
─Yoyis no ha ido a la facu desde la fiesta…
─ ¿Y ahora quién nos va a surtir?
─No seas pendejo, bato…
─Déjalo, Luis, el pinche Nando está en el trip, se colocaron un buen de la maleta, quién sabe a quién invitaron en la casa, porque se echaron casi toda la maleta. ¿Quién sabe cuánto tiempo tienen chingándose la merca?
Luis se fue tambaleándose contra Nando. Gabo lo abrazó por detrás y lo tiró sobre la colchoneta de la sala, los videojuegos se esparcieron cuando Luis se derrumbó tras el tacleó de Gabo.
Mi hombre comenzó a llorar sin fuerzas.
─ ¡Pinches pendejos, se la mamaron, acaban de entregar la cabeza de Yoyis!
Los chicos y yo, nos quedamos en silencio. Un aire seco que entró por la puerta nos resecó la garganta, cuando nos dimos cuenta que ya no sólo Yoyis la iba a llevar.
Luis y yo, no fuimos a trabajar desde principios de semana, Mamá me estuvo llamando al celular. Mensajéaba, algo así como que le había preguntado a Ana por mí y que yo no había ido a trabajar.
“¿Qué pasa, mija?”, texteaba.
Gabo y Nando, nos insistían que la cosa se podía arreglar, que sin merca y sin vida, no llegaríamos muy lejos.
En la casa ya no había fiestas y la música se escuchaba poco. Luis y yo, dejamos de hacer el amor. Todos los días esperábamos llamada de Yoyis o que ella tocara a la puerta.
Gabo salió una tarde colocado con lo último que quedaba en la maleta y no volvió hasta en la madrugada.
─ ¡Pos, con madre, estropajosos! ─dijo cuando nos despertó tras abrir la puerta de la habitación con una copia de la llave. Ya conecté con un bato de otra colonia, nos va a dar información de Yoyis y nos va a surtir. Para no paletear, nos la va a  dejar en el bote de la basura.
Me alegré como ellos.
Con los días, la noticia de la desaparición de  Yoyis me dejó de importar. Todos los días me sentaba y jugaba a los videojuegos sin movilizarme, sin hacer la limpieza de la casa, con las ojeras largas, la piel seca y una caguama entre el humo de la mariguana.
Los paquetes fueron llegando. Nando buscaba en el fondo de las bolsas negras de basura.
Dos meses después, Nando encontró más de lo habitual. El dealer que había encontrado Gabo, lo habían dejado en la banqueta frente a su casa. El chico estaba descuartizado.
La policía investigó y luego no pasó nada.
A Gabo, con el tiempo por alguna razón, lo embarraron como dealer.
Se organizaron fiestas “discretas”, donde Gabo a huevo, tenía que vender. Era la única opción que tenía, después de las amenazas tras la muerte del dealer.
Mamá me llamó insistentemente por celular. Tenía días que no la veía, tenía días que no veía a nadie. Me sentía extraña con tanta gente que comenzó a ir y venir durante las fiestas de Gabo.
Luis y yo, ya no hacíamos el amor.
Había gente en la casa de la que desconfiaba y nuestro mundo se despolvoreaba como la cocaína que ponía Gabo en paquetitos de 100 pesos.
A Luis lo corrieron del trabajo, cuando regresó. Comenzó a tomar metanfetaminas cuando salía silencioso de puntillas fuera de la habitación.
Yo no me di cuenta, hasta que un día regresé cansada a casa del trabajo, donde me habían aceptado de vuelta,  y me puse a fumar un poco de yerba, caí rendida sobre el suelo de la sala y escuché sus pasos en la madrugada. Estaba tan colocado, que incluso, le valió madre cuando le dieron una advertencia a Gabo y lo dejaron tirado a golpes fuera de la casa.
Luis esa noche se sentía valiente, dominado por una pequeña pastilla, con los ojos trastocados por una magia que yo ya no quería conocer. Luis de un hada que iluminaba todo a su alrededor, se convirtió en un duende con los ojos rojos.
            Gabo se puso muy mal. Lo llevé al hospital. Luis no regresó en días a la casa.
            Gabo se regresó a su tierra, después de un par de fiestas, donde no vendió lo que tenía que vender.  Antes de marcharse, me dio un consejo, cuando me encontró llorando en mi habitación, se acercó y me miró fijamente con las palabras contundentes: “vete de aquí” “sino vas a terminar como Julia” “el amor, no es un  polvo de hadas” dijo y golpeó el cajón donde Luis guardaba mi maleta con la mercancía de Yoyis.
            Luis y yo cortamos el cuento de hadas después que él comenzó a colocarse todo el contenido de la maleta.
            Nando sigue sentado en la colchoneta de la sala jugando videojuegos, sin importar cuántas veces golpeen a Luis fuera de la casa, por tener información de Yoyis y Gabo.
            Yo regresé a casa de mi madre sin un cuento de hadas entre las maletas.