El muñeco de felpa
Por Isadora Montelongo
─Te
ves muy guapo hoy.
─Me
he caído dos veces (vuelve a caer). Tres y no pasa nada. Es por el relleno.
La
joven madre está nerviosa. Mira a todos lados tras los vidrios polarizados.
Busca impaciente la presencia de algunos perros en la central de autobuses. Un
policía que custodia la sala de espera de la central camionera, le habla con el
español mocho y la deja encerrada. Ella enciende un cigarrillo mentolado, que
compró hace algunas horas. El tabaco se estremece entre los labios de la mujer,
ella tiembla suavemente, mientras espera. Mira el letrero del camión que parte
hacia Los Ángeles; California.
La
mujer da vueltas de aquí para allá en el reducido espacio.
Ellos
se ven, uno al otro se voltean a mirarse
las caras, sonríen.
El
niño que acompaña a su joven madre mira al muñeco de felpa y el muñeco de felpa
le mira.
─
Necesitou sus Passports, ─dice el oficial
cuando vuelve y abre la puerta.
La
joven busca en la bolsa, riega todos los
cosméticos que compró en el mercadito del jueves. No encuentra los
pasaportes. Los busca nerviosamente en la única maleta que lleva acuestas, ante
la mirada insistente del policía , esparce la ropa del niño y los pañales
entrenadores. La joven madre lo encuentra, lo pone con la mano temblorosa en
las manos del oficial, espera nuevamente adentro de la habitación bajo las órdenes
del policía de inmigración.
La
mujer camina de un lado tras otro, piensa en lo que hizo bien el día jueves.
─
Me gustas (se abrazan)
─
Tú también me gustas (se abrazan)
─
Eres mi mejor amigo, desde que te conocí.
***
El
sol penetra la piel, el calor reseca las gargantas de los transeúntes el día
jueves. Dinora pregunta un precio tras otro, compra y todo lo echa a la bolsa,
lleva a Kevin de la mano, el niño se suelta, corre a un puesto de juguetes
usados que ha visto desde un largo rato, toma a un muñeco de felpa y lo abraza sin querer
soltarlo.
Dinora
arrebata al muñeco de felpa de los abrazos de Kevin. El chico llora y no para
de gritar. A la madre no le queda más remedio que preguntar el precio del
muñeco de felpa. Ella lo manosea, vuelve
a preguntar el costo hasta que regatea, paga y se lo da a Kevin.
─
Me duele cuando me aprieto el estómago, ─Kevin empieza a hablar inmediatamente
con el muñeco.
─Yo
te cuidaré.
─No
dejes que me vuelva a tocar la boca con todos sus dedos. Mamá fuma y los dedos
le huelen feo.
─
No dejaré que te toque.
─
No siempre me duele, sólo cuando vamos a Los Ángeles.
Un
cholo chifla. Dinora, lo ve, le hace un gesto, deja al niño con el muñeco de
felpa dentro de su camioneta vieja que estacionó a la orilla del tianguis. El
chiquillo juega, balancea al muñeco de felpa por el asiento. La madre voltea a
todos lados, el cholo se acerca, presumiendo tenis blancos y pantaloncillos
cortos nuevos. Introduce discretamente una bolsa negra en el bolso de la joven,
mientras la abraza. Le da instrucciones. La mujer asiente insegura. El cholo
con la cabeza rapa la toma del brazo, se acerca al oído y la estruja.
***
─
Siento que voy a vomitar.
─Si
vomitas te vas a manchar y echarás el taquito de barbacoa.
─No
aguanto, me siento mal.
Dinora
da vueltas vertiginosamente sobre sus pasos. Se siente nerviosa de estar
encerrada en la cabina del guardia. El niño y el muñeco de felpa la miran. Dinora
va de un lado para otro.
─
Abrázame y te sentirás mejor. ¿Quieres que recemos?
─
Sí
***
Dinora
entra a la camioneta, después de hablar con el cholo. Hace que Kevin se recorra
en el asiento, abrocha su cinturón y le explica que ese día cenará mucho en los
taquitos de adobada que le gustaron desde que llegaron a Tijuana, cerca del
mercado Hidalgo, que le comprará lo que él quiera, que irán a la casa donde se
hospedaban y se dormirán hasta tarde, siempre y cuando se porte bien como
cuando estaban en su casa de Monterrey y se coma todas las albóndigas blancas que parecen de masa
dulce.
Kevin
cumple con la primera parte (comer todas
las bolas blancas). Pero mamá no le consintió ver tele, porque vomitó todas las
bolitas que mamá le dio.
Kevin
ya no quiere ser el que lleve las albóndigas blancas en la panza. Quiere ya no
sentir el estómago revolverse cada que entran y salen las albóndigas. Kevin,
aunque le gusta la ciudad de Los Ángeles, ya no quiere ir.
La
madre muy temprano lo despierta y se lo lleva al altar de Malverde para pedir
que todo salga bien en el viaje a Los Ángeles.
─
Mira, así, junta tus manos y reza al viejo bigotón al que le dejamos la
piedrita en su casa verde.
─Malverde.
─
Rézale, con los ojos cerrados.
***
Dinora
se asoma por la ventana del cuarto de espera. Ve venir al policía. Él la hace
pasar directo al siguiente camión que va para Los Ángeles. Dinora le entrega un
sobre, él lo esconde y la escolta al autobús. Kevin y el muñeco de felpa
avanzan.
Dinora
avanza aprisa al paso del oficial.
─Apúrate.
─No
voy a poder correr, tengo ganas de vomitar.
Kevin
vomitó todo la noche anterior. Durmió enseguida abrazado del muñeco de Felpa.
Dinora deslizó sus manos y lo arrancó de los brazos del niño, lo abrió con mano
experta y le quitó el relleno suave. Lo sometió al ejercicio de las albóndigas
blancas. Abrió la boca del muñeco y metió una albóndiga polvosa, que le dio el
cholo en el mercadito de Hidalgo, una tras otra, hasta completar cinco. Kevin
despertó y molesto reclamó la compañía del muñeco de felpa. Dinora le regresó
el muñeco de felpa para que parara de gritar en el berrinche.
***
─Tú
puedes aguantar. Yo he aguantado todo lo que me mete mi mamá.
─No
voy a poder.
─No
vayas a vomitar, porque mi mamá se va a enojar y luego ya no nos va a llevar a
Los Ángeles. Y lo peor es que ya no tendremos dinero.
Dinora
entrega los pasaportes, toma a Kevin entre los brazos. Kevin carga al muñeco de
felpa sobre su cuerpo. El policía la deja pasar hacia el andén, cuando ve que
no hay ningún perro entrenado cerca.
Kevin,
aprieta al muñeco de felpa y le da ánimos para que no vomite como vomita él
cada que su madre lo lleva de viaje.
─Tengo
miedo.
─No
temas. Yo voy a estar contigo todo el viaje, como mi mamá ha estado conmigo. Ya
verás que pronto va a pasar rápido cuando estemos del otro lado.
─
¿Duele?
─
Poquito
Dinora,
Kevin y el muñeco de felpa cruzan la frontera. Kevin sonríe y el muñeco de felpa también.
─
Ya casi se termina todo, ─ dice Kevin abrazando cariñosamente a su amigo de
felpa.
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