martes, 13 de agosto de 2013

El muñeco de felpa
 Por Isadora Montelongo 

─Te ves muy guapo hoy.
─Me he caído dos veces (vuelve a caer). Tres y no pasa nada. Es por el relleno.
La joven madre está nerviosa. Mira a todos lados tras los vidrios polarizados. Busca impaciente la presencia de algunos perros en la central de autobuses. Un policía que custodia la sala de espera de la central camionera, le habla con el español mocho y la deja encerrada. Ella enciende un cigarrillo mentolado, que compró hace algunas horas. El tabaco se estremece entre los labios de la mujer, ella tiembla suavemente, mientras espera. Mira el letrero del camión que parte hacia Los Ángeles; California.
La mujer da vueltas de aquí para allá en el reducido espacio.
Ellos se ven, uno al otro se voltean  a mirarse las caras, sonríen.
El niño que acompaña a su joven madre mira al muñeco de felpa y el muñeco de felpa le mira.
─ Necesitou sus Passports, ─dice el oficial  cuando vuelve y abre la puerta.
La joven busca en la bolsa, riega todos los  cosméticos que compró en el mercadito del jueves. No encuentra los pasaportes. Los busca nerviosamente en la única maleta que lleva acuestas, ante la mirada insistente del policía , esparce la ropa del niño y los pañales entrenadores. La joven madre lo encuentra, lo pone con la mano temblorosa en las manos del oficial, espera nuevamente adentro de la habitación bajo las órdenes del policía de inmigración.
La mujer camina de un lado tras otro, piensa en lo que hizo bien el día jueves.
─ Me gustas (se abrazan)
─ Tú también me gustas (se abrazan)
─ Eres mi mejor amigo, desde que te conocí.

***

El sol penetra la piel, el calor reseca las gargantas de los transeúntes el día jueves. Dinora pregunta un precio tras otro, compra y todo lo echa a la bolsa, lleva a Kevin de la mano, el niño se suelta, corre a un puesto de juguetes usados que ha visto desde un largo rato, toma a un  muñeco de felpa y lo abraza sin querer soltarlo.
Dinora arrebata al muñeco de felpa de los abrazos de Kevin. El chico llora y no para de gritar. A la madre no le queda más remedio que preguntar el precio del muñeco de felpa. Ella lo manosea,  vuelve a preguntar el costo hasta que regatea, paga y se lo da a Kevin.
─ Me duele cuando me aprieto el estómago, ─Kevin empieza a hablar inmediatamente con el muñeco.
─Yo te cuidaré.
─No dejes que me vuelva a tocar la boca con todos sus dedos. Mamá fuma y los dedos le huelen feo.
─ No dejaré que te toque.
─ No siempre me duele, sólo cuando vamos a Los Ángeles.
Un cholo chifla. Dinora, lo ve, le hace un gesto, deja al niño con el muñeco de felpa dentro de su camioneta vieja que estacionó a la orilla del tianguis. El chiquillo juega, balancea al muñeco de felpa por el asiento. La madre voltea a todos lados, el cholo se acerca, presumiendo tenis blancos y pantaloncillos cortos nuevos. Introduce discretamente una bolsa negra en el bolso de la joven, mientras la abraza. Le da instrucciones. La mujer asiente insegura. El cholo con la cabeza rapa la toma del brazo, se acerca al oído y la estruja.

***

─ Siento que voy a vomitar.
─Si vomitas te vas a manchar y echarás el taquito de barbacoa.
─No aguanto, me siento mal.
Dinora da vueltas vertiginosamente sobre sus pasos. Se siente nerviosa de estar encerrada en la cabina del guardia. El niño y el muñeco de felpa la miran. Dinora va de un lado para otro.
─ Abrázame y te sentirás mejor. ¿Quieres que recemos?
─ Sí

***

Dinora entra a la camioneta, después de hablar con el cholo. Hace que Kevin se recorra en el asiento, abrocha su cinturón y le explica que ese día cenará mucho en los taquitos de adobada que le gustaron desde que llegaron a Tijuana, cerca del mercado Hidalgo, que le comprará lo que él quiera, que irán a la casa donde se hospedaban y se dormirán hasta tarde, siempre y cuando se porte bien como cuando estaban en su casa de Monterrey y se coma todas  las albóndigas blancas que parecen de masa dulce.
Kevin cumple  con la primera parte (comer todas las bolas blancas). Pero mamá no le consintió ver tele, porque vomitó todas las bolitas que mamá le dio.
Kevin ya no quiere ser el que lleve las albóndigas blancas en la panza. Quiere ya no sentir el estómago revolverse cada que entran y salen las albóndigas. Kevin, aunque le gusta la ciudad de Los Ángeles, ya no quiere ir.
La madre muy temprano lo despierta y se lo lleva al altar de Malverde para pedir que todo salga bien en el viaje a Los Ángeles.
─ Mira, así, junta tus manos y reza al viejo bigotón al que le dejamos la piedrita en su casa verde.
─Malverde.
─ Rézale, con los ojos cerrados.

***

Dinora se asoma por la ventana del cuarto de espera. Ve venir al policía. Él la hace pasar directo al siguiente camión que va para Los Ángeles. Dinora le entrega un sobre, él lo esconde y la escolta al autobús. Kevin y el muñeco de felpa avanzan.
Dinora avanza aprisa al paso del oficial.
─Apúrate.
─No voy a poder correr, tengo ganas de vomitar.
Kevin vomitó todo la noche anterior. Durmió enseguida abrazado del muñeco de Felpa. Dinora deslizó sus manos y lo arrancó de los brazos del niño, lo abrió con mano experta y le quitó el relleno suave. Lo sometió al ejercicio de las albóndigas blancas. Abrió la boca del muñeco y metió una albóndiga polvosa, que le dio el cholo en el mercadito de Hidalgo, una tras otra, hasta completar cinco. Kevin despertó y molesto reclamó la compañía del muñeco de felpa. Dinora le regresó el muñeco de felpa para que parara de gritar en el berrinche.


***

─Tú puedes aguantar. Yo he aguantado todo lo que me mete mi mamá.
─No voy a poder.
─No vayas a vomitar, porque mi mamá se va a enojar y luego ya no nos va a llevar a Los Ángeles. Y lo peor es que ya no tendremos dinero.
Dinora entrega los pasaportes, toma a Kevin entre los brazos. Kevin carga al muñeco de felpa sobre su cuerpo. El policía la deja pasar hacia el andén, cuando ve que no hay ningún perro entrenado cerca.
Kevin, aprieta al muñeco de felpa y le da ánimos para que no vomite como vomita él cada que su madre lo lleva de viaje.
─Tengo miedo.
─No temas. Yo voy a estar contigo todo el viaje, como mi mamá ha estado conmigo. Ya verás que pronto va a pasar rápido cuando estemos del otro lado.
─ ¿Duele?
─ Poquito
Dinora, Kevin y el muñeco de felpa cruzan la frontera. Kevin sonríe  y el muñeco de felpa también.

─ Ya casi se termina todo, ─ dice Kevin abrazando cariñosamente a su amigo de felpa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario