sábado, 10 de agosto de 2013

Sigo con el yeso y no me pierdo entre los recuerdos...

1. El día empezó nefasto, pero estaba ciega y quería fiesta. Nadie se apuntó. El chico al que invité desde dos días con anticipación, rajó leña (y con lo que me gustaba). Ir sola no me detiene, suelo estar sola mucho tiempo, pero me he vuelto más tímida que otros años, ahora debo cuidar mi imagen de maestra y narradora. Las cosas no son como cuando estaba en Canadá que podía fumar un poco de w... con mis alumnos y los homeless con los que me reunía cerca de casa (y es que la gente es más comprensiva o menos puritana). Me encontré afuera del bar al que frecuento porque hay buen ambiente, camaradería y siempre tengo con quien hablar. Estaba cerrado. Le hablé al morro que rajó. Y bueno, a fuerza ni los zapatos... Me gustan los hombres entrones, caballerosos y  que lloran con un solo ojo al final del día.
2. Ely y Arlean llegaron. El presupuesto era mediocre y nos fuimos al Beto's, una cantina a la que no había ido nunca. Llegar a la puerta es respirar pipí. No es que no me guste la pipí, si es calientita y dorada, pero es que la verdad lo punketo y rebelde, hace rato lo tiré cuando cambié de calzones y le agarré afecto al dinero. No me corresponde decir que el Gobierno es una cadena oxidada que para moverse, necesita vender patrias. Ni tampoco me corresponde ponerme unos mechones de colores y vestir de negro para sentir que todo esto se lo está llevando la chingada, ni mucho menos es mi plan de vida estar ácida en contra del sistema. Pero con lo que sí comulgo es con los buenos precios de la caguama que venden ahí. Buen lugar si se tiene poco dinero y se quieren ver párpados negros a plena luz del día.
3. Lloré con la segunda caguama y es que la cerveza me provoca una especie de orgasmo emocional. Debo decir que sigo siendo alérgica a la cerveza, pero últimamente ya no se me refleja físicamente mucho. Ahora es una reacción diferente. La última me desmayé. Algo hace con mis vías respiratorias.
4. Lloré por el rechazo. Y bueno, yo siempre confundo a la amistad con el amor y el amor con la amistad, y es que México Lindo y Querido, aquí las mujeres guapas no tienen amigos. No digo que estoy guapa, pero no estoy tan arrastrada por los perros de la calle.
5. De ahí cotorréamos, conocimos y nos movimos al Mariscos, sólo para no quedar con la cosa tan seca. Agarrar gasolina antes de comenzar a bebernos el cielo.
6. Terminamos en el Chac mool bebiendo, saludando gente, haciendo lo que uno hace cuando se siente social y no encuentra dónde chingados sentarse. Quitar asientos y comenzar el diálogo. El diálogo fue de esta mafia y aquella obra, de cuánto han cambiado los tiempos y qué desgraciados nos estámos haciendo. La verdad no me acuerdo. Para ese momento yo ya me había olvidado del objeto de mis afectos y había conocido raza nueva. Estaba alegre y me movía con el viento.
7. Se nos acabó el dinero y esa fue la búsqueda.  Ahí, fue, en una correteada, que perdí el pie, me lo doble, mas no caí, y empecé a cojear sin saber que tenía una fractura del demonio. Yo volaba, con o sin pies, abría la calle y recorría el asfalto. Estar pedo te ayuda a no sentir...
8. Las caguamas cuando se está herido son más frías. Las amistades más calientes y los besos en pleno Moctezuma son recordados. Besé a dos morros, uno a cada lado. Nada más para que no me faltara distribución de la merca que otro no quiso.
9. Al final toqué la noche en la cama de un motel. No sé si fue Ely o Arlean los que se quedaron a mi lado. Sólo sé que alguien mojó la sábana, ¿con qué?, tampoco lo sé.
10. Desperté viendo las nalgas de Ely, mientras se miraba al espejo después de bañarse, y fue momento de saber que las seis horas de motel habían acabado.  Regresé a casa, donde dormí todo el día queriendo ir al hospital...

http://www.youtube.com/watch?v=1JMrxyv8B_8

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