1. Cuando todo deja de doler, el análisis brota de la frente. De esa cabeza que poco utilizamos cuando se siente una pasión y apegos.
2. Ayer pude matar al troyano, después de casi más de 24 horas en lucha.
3. Ayer hablé con una de las personas que más quiero en este mundo y que siempre con sus palabras sabias hace que toda lágrima desaparezca con risas y temas interesantes. Ayer hablamos de eso (Papá Pitufo y yo) de la condición de lo amoroso, la seducción y los grados de madurez para mezclar estas dos.
4. El amor es una última capa que siempre necesita seguimiento, constancia y que en sí mismo necesita rebasar aquellas vistas ciegas del enamoramiento, el ego, la seducción, y el interés propio. Y que al final las palabras siempre son necesarias para ajustar la balanza de los sentidos y los sentimientos propios y mutuos.
5. El poder del ajuste emocional se da en silencio y en diálogo.
6. Hoy ya no duele, hoy vuelvo a respirar y a sentir miedo e incertidumbre porque sé que hay otro futuro por venir.
7. Dejó de llover, sólo queda un cielo gris y algo de frío por las mañanas, pero cuando menos... todos los días son diferentes :)
miércoles, 28 de agosto de 2013
martes, 27 de agosto de 2013
1. Hoy me acordé del Principito, más bien, me imaginé qué se siente estar sentado en un volcán sin el amor de su rosa.
2. Sabes qué se siente. Primero se siente horrible, pero luego hay un gran dolor y luego un vacío que abarca todo el corazón. Así se siente. Mi rosa ayer me dijo que no me quiere y que se prometió a sí mismo no volver a sentir porque ya hubo una "Única" que le coronó con un dolor para toda su vida.
3. Yo ya lloré casi toda la noche mientras bajaba un antivirus para matar a un troyano de mi laptop. Hoy el día está gris, literalmente, llueve y hace frío. Escenario tan simbólico de lo que se cocina aquí arriba del volcán. También lloré un poco más por la mañana y es que me quedé dormida y nunca pude matar al troyano y luego pues dormí y soñé algo más simbólico.
4.Estaba en un mercado, de esos donde hay venta de quesos, pasteles, frutas, verduras, mariscos, embutidos y hay quien cocina comida para sentarse y comer. Bien limpios y cuidados, recuerdo haber visto uno en Calgary, pero con más aire mediterráneo, por lo colorido y la gente. Soñé a mi rosa en un puesto de legumbres, lo miré porque era inevitable no sentir ese impulso de verle, pero como no suelo perseguir a la gente que decide irse, seguí mi camino y compré una pasta con pepperoni, a la cual le hacía falta para mi gusto una almeja grande que pudiera alivianar mi dolor. Busqué entre quesos y su demostración, deliciosos cuando llegaron a mi boca. Llegué al puesto de mariscos y ahí estaban cuatro almejas gigantes, hermosas con su concha brillante, que no alcancé a comprar entre me distraía en los quesos, pastelillos y otras curiosidades. Cuando llegué al puesto de mariscos nuevamente, ya no estaban las 4 hermosas almejas gigantes en el mostrador. Pregunté si tenían almejas para llevar, había sólo dos, pero sin concha, había una grande, blanca, hermosa y carnosa. Otra estaba amarillenta, pequeña y parecía un poco seca. sin vigor. Compré la almeja grande sana y carnosa, expuesta con toda su carne ante mis ojos.
5. Aquí arriba del volcán se pueden ver dos cosas, que la soledad no apena tanto, que los dolores se sumen muy abajo de la tierra, hasta lo más profundo del estómago del volcán y que aún, a pesar de todo, como una almeja expuesta sin su concha, ha una llama dentro, que saldrá cuando una rosa realmente me aprecie, cuide, respete, proteja y ame.
6. Yo por mi parte como el Principito, no pierdo la verdadera ilusión de mi corazón. La de seguir amando como siempre a pesar de las cicatrices y los callos.
7. Sigo bajando luchando contra el troyano y aún no desinfectamos la máquina, espero pronto pueda hacer uso nuevamente de ella, ya que ahí están todos mis escritos.
sábado, 24 de agosto de 2013
1. Muchas veces he escuchado que las mejores obras escritas se han logrado en plena desgracia. No sé si estoy en alguna capa de la desgracia; ya que no tengo dinero, ni he firmado contrato de mi trabajo porque simplemente estoy fracturada de un pie y lo que puedo comer, un tema interesante y cotidiano, cabe en una bolsa para poder trasladarla al sillón donde debo tener la pezuña en reposo, así como batallo para moverme dentro y fuera de casa con un dolor que sólo me hace gritar "demonio".
2. No he escrito porque la desgracia no la siento; ya que han estado aquí los amigos, los pocos, pero a los que amo tanto.
3. Y los maestros de quienes aprendo mucho. Gracias a todos ellos por siempre ampliar este poco conocimiento que me acaricia.
4. La desgracia no inicia a ser escrita en la banca rota, en la falta de comida, en la imposibilidad de moverse a placer, en el rechazo laboral sin ser culpa de la integridad humana, la desgracia sería la de no poder amar a nadie. Y créanme, que cada que llaman ellos, o vienen a casa, me siento feliz.
5. Lamentablemente aún no le caigo bien a la desgracia, no al menos completamente. Porque aquí la amargura de un largo día, la vienen a derrumbar mis amigos-hermanos.
6. Gracias.
2. No he escrito porque la desgracia no la siento; ya que han estado aquí los amigos, los pocos, pero a los que amo tanto.
3. Y los maestros de quienes aprendo mucho. Gracias a todos ellos por siempre ampliar este poco conocimiento que me acaricia.
4. La desgracia no inicia a ser escrita en la banca rota, en la falta de comida, en la imposibilidad de moverse a placer, en el rechazo laboral sin ser culpa de la integridad humana, la desgracia sería la de no poder amar a nadie. Y créanme, que cada que llaman ellos, o vienen a casa, me siento feliz.
5. Lamentablemente aún no le caigo bien a la desgracia, no al menos completamente. Porque aquí la amargura de un largo día, la vienen a derrumbar mis amigos-hermanos.
6. Gracias.
viernes, 16 de agosto de 2013
1. Tal vez fueron las circunstancias de poco dinero, de ser extranjeros, de la soledad y el extrañamiento de estar lejos de casa lo que nos llevó a una buena amistad. A Edgar Ramonet lo veo tocando la ventana del basement unos días antes de irme de Toronto.
2. Cuando Dios me da su fuerza, es porque yo estoy tan débil y le agradezco que esté en mi mente como es, como la forma del otro, de mi otredad.
3. Me llueve aquí dentro, me llueve con mucho dolor. Pero sé que Él no me deja, no al menos como un pensamiento que me hace fuerte y suave.
4. Ayer vino Pandi y aunque no le dije, le di mi lealtad y mi amistad. Sólo aquellos que la han perdido, saben cómo se siente. Suena ego, pero lo digo por aquello que me escriben en momentos de necesidad.
2. Cuando Dios me da su fuerza, es porque yo estoy tan débil y le agradezco que esté en mi mente como es, como la forma del otro, de mi otredad.
3. Me llueve aquí dentro, me llueve con mucho dolor. Pero sé que Él no me deja, no al menos como un pensamiento que me hace fuerte y suave.
4. Ayer vino Pandi y aunque no le dije, le di mi lealtad y mi amistad. Sólo aquellos que la han perdido, saben cómo se siente. Suena ego, pero lo digo por aquello que me escriben en momentos de necesidad.
martes, 13 de agosto de 2013
El muñeco de felpa
Por Isadora Montelongo
─Te
ves muy guapo hoy.
─Me
he caído dos veces (vuelve a caer). Tres y no pasa nada. Es por el relleno.
La
joven madre está nerviosa. Mira a todos lados tras los vidrios polarizados.
Busca impaciente la presencia de algunos perros en la central de autobuses. Un
policía que custodia la sala de espera de la central camionera, le habla con el
español mocho y la deja encerrada. Ella enciende un cigarrillo mentolado, que
compró hace algunas horas. El tabaco se estremece entre los labios de la mujer,
ella tiembla suavemente, mientras espera. Mira el letrero del camión que parte
hacia Los Ángeles; California.
La
mujer da vueltas de aquí para allá en el reducido espacio.
Ellos
se ven, uno al otro se voltean a mirarse
las caras, sonríen.
El
niño que acompaña a su joven madre mira al muñeco de felpa y el muñeco de felpa
le mira.
─
Necesitou sus Passports, ─dice el oficial
cuando vuelve y abre la puerta.
La
joven busca en la bolsa, riega todos los
cosméticos que compró en el mercadito del jueves. No encuentra los
pasaportes. Los busca nerviosamente en la única maleta que lleva acuestas, ante
la mirada insistente del policía , esparce la ropa del niño y los pañales
entrenadores. La joven madre lo encuentra, lo pone con la mano temblorosa en
las manos del oficial, espera nuevamente adentro de la habitación bajo las órdenes
del policía de inmigración.
La
mujer camina de un lado tras otro, piensa en lo que hizo bien el día jueves.
─
Me gustas (se abrazan)
─
Tú también me gustas (se abrazan)
─
Eres mi mejor amigo, desde que te conocí.
***
El
sol penetra la piel, el calor reseca las gargantas de los transeúntes el día
jueves. Dinora pregunta un precio tras otro, compra y todo lo echa a la bolsa,
lleva a Kevin de la mano, el niño se suelta, corre a un puesto de juguetes
usados que ha visto desde un largo rato, toma a un muñeco de felpa y lo abraza sin querer
soltarlo.
Dinora
arrebata al muñeco de felpa de los abrazos de Kevin. El chico llora y no para
de gritar. A la madre no le queda más remedio que preguntar el precio del
muñeco de felpa. Ella lo manosea, vuelve
a preguntar el costo hasta que regatea, paga y se lo da a Kevin.
─
Me duele cuando me aprieto el estómago, ─Kevin empieza a hablar inmediatamente
con el muñeco.
─Yo
te cuidaré.
─No
dejes que me vuelva a tocar la boca con todos sus dedos. Mamá fuma y los dedos
le huelen feo.
─
No dejaré que te toque.
─
No siempre me duele, sólo cuando vamos a Los Ángeles.
Un
cholo chifla. Dinora, lo ve, le hace un gesto, deja al niño con el muñeco de
felpa dentro de su camioneta vieja que estacionó a la orilla del tianguis. El
chiquillo juega, balancea al muñeco de felpa por el asiento. La madre voltea a
todos lados, el cholo se acerca, presumiendo tenis blancos y pantaloncillos
cortos nuevos. Introduce discretamente una bolsa negra en el bolso de la joven,
mientras la abraza. Le da instrucciones. La mujer asiente insegura. El cholo
con la cabeza rapa la toma del brazo, se acerca al oído y la estruja.
***
─
Siento que voy a vomitar.
─Si
vomitas te vas a manchar y echarás el taquito de barbacoa.
─No
aguanto, me siento mal.
Dinora
da vueltas vertiginosamente sobre sus pasos. Se siente nerviosa de estar
encerrada en la cabina del guardia. El niño y el muñeco de felpa la miran. Dinora
va de un lado para otro.
─
Abrázame y te sentirás mejor. ¿Quieres que recemos?
─
Sí
***
Dinora
entra a la camioneta, después de hablar con el cholo. Hace que Kevin se recorra
en el asiento, abrocha su cinturón y le explica que ese día cenará mucho en los
taquitos de adobada que le gustaron desde que llegaron a Tijuana, cerca del
mercado Hidalgo, que le comprará lo que él quiera, que irán a la casa donde se
hospedaban y se dormirán hasta tarde, siempre y cuando se porte bien como
cuando estaban en su casa de Monterrey y se coma todas las albóndigas blancas que parecen de masa
dulce.
Kevin
cumple con la primera parte (comer todas
las bolas blancas). Pero mamá no le consintió ver tele, porque vomitó todas las
bolitas que mamá le dio.
Kevin
ya no quiere ser el que lleve las albóndigas blancas en la panza. Quiere ya no
sentir el estómago revolverse cada que entran y salen las albóndigas. Kevin,
aunque le gusta la ciudad de Los Ángeles, ya no quiere ir.
La
madre muy temprano lo despierta y se lo lleva al altar de Malverde para pedir
que todo salga bien en el viaje a Los Ángeles.
─
Mira, así, junta tus manos y reza al viejo bigotón al que le dejamos la
piedrita en su casa verde.
─Malverde.
─
Rézale, con los ojos cerrados.
***
Dinora
se asoma por la ventana del cuarto de espera. Ve venir al policía. Él la hace
pasar directo al siguiente camión que va para Los Ángeles. Dinora le entrega un
sobre, él lo esconde y la escolta al autobús. Kevin y el muñeco de felpa
avanzan.
Dinora
avanza aprisa al paso del oficial.
─Apúrate.
─No
voy a poder correr, tengo ganas de vomitar.
Kevin
vomitó todo la noche anterior. Durmió enseguida abrazado del muñeco de Felpa.
Dinora deslizó sus manos y lo arrancó de los brazos del niño, lo abrió con mano
experta y le quitó el relleno suave. Lo sometió al ejercicio de las albóndigas
blancas. Abrió la boca del muñeco y metió una albóndiga polvosa, que le dio el
cholo en el mercadito de Hidalgo, una tras otra, hasta completar cinco. Kevin
despertó y molesto reclamó la compañía del muñeco de felpa. Dinora le regresó
el muñeco de felpa para que parara de gritar en el berrinche.
***
─Tú
puedes aguantar. Yo he aguantado todo lo que me mete mi mamá.
─No
voy a poder.
─No
vayas a vomitar, porque mi mamá se va a enojar y luego ya no nos va a llevar a
Los Ángeles. Y lo peor es que ya no tendremos dinero.
Dinora
entrega los pasaportes, toma a Kevin entre los brazos. Kevin carga al muñeco de
felpa sobre su cuerpo. El policía la deja pasar hacia el andén, cuando ve que
no hay ningún perro entrenado cerca.
Kevin,
aprieta al muñeco de felpa y le da ánimos para que no vomite como vomita él
cada que su madre lo lleva de viaje.
─Tengo
miedo.
─No
temas. Yo voy a estar contigo todo el viaje, como mi mamá ha estado conmigo. Ya
verás que pronto va a pasar rápido cuando estemos del otro lado.
─
¿Duele?
─
Poquito
Dinora,
Kevin y el muñeco de felpa cruzan la frontera. Kevin sonríe y el muñeco de felpa también.
─
Ya casi se termina todo, ─ dice Kevin abrazando cariñosamente a su amigo de
felpa.
sábado, 10 de agosto de 2013
Sigo con el yeso y no me pierdo entre los recuerdos...
1. El día empezó nefasto, pero estaba ciega y quería fiesta. Nadie se apuntó. El chico al que invité desde dos días con anticipación, rajó leña (y con lo que me gustaba). Ir sola no me detiene, suelo estar sola mucho tiempo, pero me he vuelto más tímida que otros años, ahora debo cuidar mi imagen de maestra y narradora. Las cosas no son como cuando estaba en Canadá que podía fumar un poco de w... con mis alumnos y los homeless con los que me reunía cerca de casa (y es que la gente es más comprensiva o menos puritana). Me encontré afuera del bar al que frecuento porque hay buen ambiente, camaradería y siempre tengo con quien hablar. Estaba cerrado. Le hablé al morro que rajó. Y bueno, a fuerza ni los zapatos... Me gustan los hombres entrones, caballerosos y que lloran con un solo ojo al final del día.
2. Ely y Arlean llegaron. El presupuesto era mediocre y nos fuimos al Beto's, una cantina a la que no había ido nunca. Llegar a la puerta es respirar pipí. No es que no me guste la pipí, si es calientita y dorada, pero es que la verdad lo punketo y rebelde, hace rato lo tiré cuando cambié de calzones y le agarré afecto al dinero. No me corresponde decir que el Gobierno es una cadena oxidada que para moverse, necesita vender patrias. Ni tampoco me corresponde ponerme unos mechones de colores y vestir de negro para sentir que todo esto se lo está llevando la chingada, ni mucho menos es mi plan de vida estar ácida en contra del sistema. Pero con lo que sí comulgo es con los buenos precios de la caguama que venden ahí. Buen lugar si se tiene poco dinero y se quieren ver párpados negros a plena luz del día.
3. Lloré con la segunda caguama y es que la cerveza me provoca una especie de orgasmo emocional. Debo decir que sigo siendo alérgica a la cerveza, pero últimamente ya no se me refleja físicamente mucho. Ahora es una reacción diferente. La última me desmayé. Algo hace con mis vías respiratorias.
4. Lloré por el rechazo. Y bueno, yo siempre confundo a la amistad con el amor y el amor con la amistad, y es que México Lindo y Querido, aquí las mujeres guapas no tienen amigos. No digo que estoy guapa, pero no estoy tan arrastrada por los perros de la calle.
5. De ahí cotorréamos, conocimos y nos movimos al Mariscos, sólo para no quedar con la cosa tan seca. Agarrar gasolina antes de comenzar a bebernos el cielo.
6. Terminamos en el Chac mool bebiendo, saludando gente, haciendo lo que uno hace cuando se siente social y no encuentra dónde chingados sentarse. Quitar asientos y comenzar el diálogo. El diálogo fue de esta mafia y aquella obra, de cuánto han cambiado los tiempos y qué desgraciados nos estámos haciendo. La verdad no me acuerdo. Para ese momento yo ya me había olvidado del objeto de mis afectos y había conocido raza nueva. Estaba alegre y me movía con el viento.
7. Se nos acabó el dinero y esa fue la búsqueda. Ahí, fue, en una correteada, que perdí el pie, me lo doble, mas no caí, y empecé a cojear sin saber que tenía una fractura del demonio. Yo volaba, con o sin pies, abría la calle y recorría el asfalto. Estar pedo te ayuda a no sentir...
8. Las caguamas cuando se está herido son más frías. Las amistades más calientes y los besos en pleno Moctezuma son recordados. Besé a dos morros, uno a cada lado. Nada más para que no me faltara distribución de la merca que otro no quiso.
9. Al final toqué la noche en la cama de un motel. No sé si fue Ely o Arlean los que se quedaron a mi lado. Sólo sé que alguien mojó la sábana, ¿con qué?, tampoco lo sé.
10. Desperté viendo las nalgas de Ely, mientras se miraba al espejo después de bañarse, y fue momento de saber que las seis horas de motel habían acabado. Regresé a casa, donde dormí todo el día queriendo ir al hospital...
http://www.youtube.com/watch?v=1JMrxyv8B_8
1. El día empezó nefasto, pero estaba ciega y quería fiesta. Nadie se apuntó. El chico al que invité desde dos días con anticipación, rajó leña (y con lo que me gustaba). Ir sola no me detiene, suelo estar sola mucho tiempo, pero me he vuelto más tímida que otros años, ahora debo cuidar mi imagen de maestra y narradora. Las cosas no son como cuando estaba en Canadá que podía fumar un poco de w... con mis alumnos y los homeless con los que me reunía cerca de casa (y es que la gente es más comprensiva o menos puritana). Me encontré afuera del bar al que frecuento porque hay buen ambiente, camaradería y siempre tengo con quien hablar. Estaba cerrado. Le hablé al morro que rajó. Y bueno, a fuerza ni los zapatos... Me gustan los hombres entrones, caballerosos y que lloran con un solo ojo al final del día.
2. Ely y Arlean llegaron. El presupuesto era mediocre y nos fuimos al Beto's, una cantina a la que no había ido nunca. Llegar a la puerta es respirar pipí. No es que no me guste la pipí, si es calientita y dorada, pero es que la verdad lo punketo y rebelde, hace rato lo tiré cuando cambié de calzones y le agarré afecto al dinero. No me corresponde decir que el Gobierno es una cadena oxidada que para moverse, necesita vender patrias. Ni tampoco me corresponde ponerme unos mechones de colores y vestir de negro para sentir que todo esto se lo está llevando la chingada, ni mucho menos es mi plan de vida estar ácida en contra del sistema. Pero con lo que sí comulgo es con los buenos precios de la caguama que venden ahí. Buen lugar si se tiene poco dinero y se quieren ver párpados negros a plena luz del día.
3. Lloré con la segunda caguama y es que la cerveza me provoca una especie de orgasmo emocional. Debo decir que sigo siendo alérgica a la cerveza, pero últimamente ya no se me refleja físicamente mucho. Ahora es una reacción diferente. La última me desmayé. Algo hace con mis vías respiratorias.
4. Lloré por el rechazo. Y bueno, yo siempre confundo a la amistad con el amor y el amor con la amistad, y es que México Lindo y Querido, aquí las mujeres guapas no tienen amigos. No digo que estoy guapa, pero no estoy tan arrastrada por los perros de la calle.
5. De ahí cotorréamos, conocimos y nos movimos al Mariscos, sólo para no quedar con la cosa tan seca. Agarrar gasolina antes de comenzar a bebernos el cielo.
6. Terminamos en el Chac mool bebiendo, saludando gente, haciendo lo que uno hace cuando se siente social y no encuentra dónde chingados sentarse. Quitar asientos y comenzar el diálogo. El diálogo fue de esta mafia y aquella obra, de cuánto han cambiado los tiempos y qué desgraciados nos estámos haciendo. La verdad no me acuerdo. Para ese momento yo ya me había olvidado del objeto de mis afectos y había conocido raza nueva. Estaba alegre y me movía con el viento.
7. Se nos acabó el dinero y esa fue la búsqueda. Ahí, fue, en una correteada, que perdí el pie, me lo doble, mas no caí, y empecé a cojear sin saber que tenía una fractura del demonio. Yo volaba, con o sin pies, abría la calle y recorría el asfalto. Estar pedo te ayuda a no sentir...
8. Las caguamas cuando se está herido son más frías. Las amistades más calientes y los besos en pleno Moctezuma son recordados. Besé a dos morros, uno a cada lado. Nada más para que no me faltara distribución de la merca que otro no quiso.
9. Al final toqué la noche en la cama de un motel. No sé si fue Ely o Arlean los que se quedaron a mi lado. Sólo sé que alguien mojó la sábana, ¿con qué?, tampoco lo sé.
10. Desperté viendo las nalgas de Ely, mientras se miraba al espejo después de bañarse, y fue momento de saber que las seis horas de motel habían acabado. Regresé a casa, donde dormí todo el día queriendo ir al hospital...
http://www.youtube.com/watch?v=1JMrxyv8B_8
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