Duffy
(borrador)
Isadora
Montelongo
Duffy
rasca las piedras con los zapatos de tacón. El charol ha dejado de reflejar lo que hay debajo de las medias y
ella ha parado de llorar. Rubén la mira desde abajo. No tiene la cámara y se ha
quedado con la pistola de petardos en la mano.
─
¡La cima no es para todos! ¡Por favor, no tires el rollo de fotografía! ¡Duffy!
¡Y si lo haces, hazlo para el lado correcto!
La
última lágrima se estrella en el maquillaje de los ojos y ella se ha dado
cuenta en el lugar en el que se
encuentra.
─
La cima no es para todos, pero los precipicios tampoco, ─termina por susurrar
lo que no puede gritarle a Rubén.
Duffy
hace memoria y sabe que en algún momento entre el auto y la carretera trepó
hasta lo alto de la cima del volcán y lleva ahí parada más de 30 minutos en un
estado de impotencia con la resequedad que han dejado las lágrimas en su rostro.
Nadie
del pueblo los ha ido a buscar. El sol está a punto de caerse detrás del volcán
y partirse en el suelo.
Duffy
tiembla ante la repentina idea de arrojarse al
vacío y oscuro ojo del volcán y terminar lo que ha empezado.
Las
piernas le tiemblan como si tuviera lava corriendo a lo largo de sus muslos
como un montón de cuerdas.
─
¡Vamos! ¡Baja! ¡No seas tonta!
Duffy
mira hacia abajo, tiene el hoyo enorme del volcán apagado ante sus zapatos de
charol y a 10 metros la cara de Rubén apretada por el sol.
Rubén
tuvo que parar cuando Duffy despertó. Ella se puso los brazos alrededor de los
pechos y se percató de todo lo que él hizo con ella.
─
¡Vamos, Duffy! ¿Sabes bien que nadie se
tragará lo que digas? Tú has venido por tu propio pie para hacerte la
modelo más famosa del pueblo.
El
sol tira de la cabeza de Duffy y siente cómo se van quedando las piernas sin
fuerza, sin voluntad ante cualquiera que las quiera.
─
Quiero ir a la cima, ─ella recuerda que le dijo a Rubén, cuando la conoció a la
salida del café del pueblo.
Él
le dijo “lo que tú quieras, con esa cara podrás llegar a la cima” “incluso a
Hollywood” y ella creyó todo con tan solo los primeros intentos de las frases
menos hechas.
Duffy
rasca las piedras con sus zapatos de charol y mira fijamente hacia abajo, el
largo de las piernas estremecen la carne firme que Rubén fotografió a lo largo
de la carretera.
─
Eres el rostro que buscaba, te lo aseguro, Duffy, eres la mejor. No hay dos
mujeres como tú.
Ella
en el auto, de inmediato se puso la blusa, las mallas y la falda, cuando un
estrecho discurso salió de la boca de Rubén, diciéndole que ya no le promete ni
fama ni nada.
─
No finjas, eres una de lo peor, de esas que sobran... ¡Nunca llegarás a ningún
lado!
Duffy
salió corriendo, corrió y corrió, con la fuerza de todas sus piernas hasta que
un petardo la alcanzó.
Algunas
chicas alcanzan la fama entregando su cuerpo, otras alcanzan el suelo,
soportando la suela de los hombres que tienen la fama.
La
cima de un volcán cercano al pueblo, es
todo lo que la salvó.
Duffy
ahí, miró dentro del volcán, apagado, como un gran hoyo, sin poder arrojar ni
una sola llamarada. Así como un hoyo, se sentía ella.
El
sol se estrelló.
─
¡Tal vez no pueda llegar a la cima, ni a Hollywood, pero jamás me apagaré como
un volcán dentro de una fotografía!
Duffy
alzó sus zapatos de charol, y golpeó una
gran piedra que cayó justo en la cabeza de Rubén.
Cuando
Rubén despertó, Duffy ya había hecho justo lo que él hizo con ella.
─Sonríe,
Rubén, esto es sólo una sesión de fotos. Recuerda que no hay pudor para obtener
la fama. Dame tu mejor llamarada de volcán. ¡Justo en la cima, nene!
Click.

demasia'o agradable.. a su salud comarita!
ResponderEliminar¡Gracias, compaye!
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