miércoles, 22 de mayo de 2013


De la serie Qué hueva me da el jale
Un accidente para escapar
(borrador)
por Isadora Montelongo


Todos en mi trabajo me cagan. No porque haya un tesoro debajo de sus almohadas, sino porque son personas que han olvidado ser.
La franquicia del pensamiento propio y la personalidad auténtica han perdido socios. Estamos ante una sociedad que se pudre en su propio charco.
Fue como aquel día que me encontré resguardándome de la lluvia en el automóvil. Tuve la misma reacción antes de llegar a las puertas del estacionamiento, pararme, dar reversa y salir huyendo de ahí sin entrar al edificio. Quería recorrer la ciudad con el cabello al viento, los lentes oscuros manchados por  la lluvia y la idea lejana de las caras insoportables y amargadas de mis compañeros de trabajo.
La idea surge como un tornado en el estómago. Doy reversa y me quito la corbata, las ganas de llegar a donde sea con la última gota de gasolina se esparce por las avenidas.
Acelero como la primera vez que di un beso después de un masaje en los pies por una chica guapa del colegio, a quien mordí en cada parte del cuerpo.
Siento el volante y las ganas de darle batalla a la lluvia, primero 60 kilómetros y las gotas se parten en el parabrisas, luego 80 kilómetros y el viento galopa sin contemplación sobre el techo del auto y luego 120 km y paro en seco sobre las ruedas de un tráiler frente a mí.
El cofre del auto se hunde y los pedazos de los faroles quedan destrozados como la imaginación de los compañeros de trabajo, el auto puede andar a toda velocidad tocando el pavimento con las llantas libres y resbaladizas hasta que una masa de fierro con ruedas que se supone que va en la misma dirección se lo impida.
La vida es como andar  a toda velocidad sobre una avenida mojada, puede ocurrir que un tráiler se atraviese y te impida el paso o puede ser que no haya nada en el camino que te impida vivir bien.
El jefe me llama y me dice que me han visto dar reversa en el estacionamiento. Yo sólo le digo que voy rumbo al trabajo, pero que necesitará tener un gran seguro para cubrir los daños de mi convalecencia laboral por el choque a menos de 100 metros de ahí. Tengo en cuello lesionado y una costilla adolorida, pero nada grave.
Todos en mi trabajo me cagan, pero yo les cago más a ellos porque el tesoro que tengo es arriesgar lo que no he olvidado ser. El que mejor lleva el volante a casa.
Ahora tengo 15 días de incapacidad que me he pagado con un masaje de rehabilitación directamente desde la playa, sin una llamada de trabajo.

3 comentarios:

  1. ¿Será mi culpa?
    Sólo que yo, a veces llego a los 160km/hr en la lluvia, no es sano, podría ocurrirme algo, pero vaya que es desestresante.

    ¡Abrazo grande Isa!

    ResponderEliminar
  2. Como un pez metálico que atraviesa los ríos. Cuídate mucho. Usualmente no te digo lo mucho que te quiero, pero sabes que lo hago. Te quiero mucho, galleta :D No manejes a 160, porfa. El tiempo es inmortal, uno no.

    ResponderEliminar
  3. it's easy to feel the rain and wetness of your words trespass the screen and take over my scenery. I can really feel this sense of despite and ideological hatred that treads us down due to its basic purpose, to discover authentic persons and not just some run down ... drag by the rain ... overly played song.

    ahi mucho de nuevo en esta nueva tu... Saludos y abraco!

    ResponderEliminar