jueves, 7 de febrero de 2013

1. Siempre dije que desde niña quise ser escritora. Tal vez eso no fue una verdad absoluta. Siempre inventé historias oralmente y luego escribí cuentos.
2. Leía arduamente todo lo que tuviera firma de monero o revista científica. No me apetecía nada de charquitos literarios que pudieran engrandecer mi cabeza porque luego el cabello se me vería mal. (Ya ven que el agua sin gotas o gel, esponja el cabello)
3. Me gusta dar clases. No lo puedo negar. La paso bien en el salón, me divierto. No tengo problemas con mis compañeros de trabajo, mucho menos con los niños, adolescentes.
4. En el ámbito literario, casi todos me caen mal por razones tontas: 1. No ganan bien y son gente muy arrastrada laboralmente (no todos, pero la mayoría sí vive de chelas, becas, viejas y desvelos voluntarios), 2.   Porque el talento y el ego son dos temas separados o juntos. Y soy un ente con el talento de baja escala que no le teme al ego ajeno, sino al propio.
5. Que la escritura se dé. Con disciplina, valor, amor y intersubjetividad. Que así sea.

2 comentarios:

  1. Me gusta lo que has escrito. Parece tan sencillo ahora decir grandes cosas de tal o cual: que si la intersubjetividad de aquel, que la manifiesta transgresión a la liminalidad literaria del otro, que la insubordinada imperiosidad expresiva del poeta, que la pulcra y vaporosa verbosidad del orador, que policromos ambientes pinta este autor, que sin igual inventiva ostenta ese literato juvenil... y así hasta la insondable vileza de la pleitesía y el acomedimiento servil. Me gusta que te declares en contra de tales excesos, o prendas de reconocimiento según cualquier otro. Y que manifiestas a las claras tu incertidumbre en el terreno que media del ego al talento, mismo que en mi opinión todos ocupamos y de donde cada quien tiene su lote, como en el panteón. Decir que se es escritor es como decir que uno es de aquellos que llevan leña al bosque -o tortas al banquete, refrán que me causa agruras-. A mi parecer, escritores somos todos pero ninguno llegamos a escribir según la totalidad y complejidad que entraña el único tema del que en verdad se pueda llegar a escribir: YO. Lo demás son recuentos y literaturas para mí. De lo que hallo escrito puedo con toda seguridad reconocer que es útil y que no lo es, si lo comparto con quien esté igualmente versado en el tema podrá conmigo coincidir y sentiremos como una comunión entre nosotros. Pero las letras que atañen al gusto corresponden a una categoría distinta y a un como descubrimiento de mi persona en el autor, de tal que sólo lo que pudiera haber escrito yo o que me parece como si hubiese sido escrito para mí, me gusta. Bien se ve que tengo una deformación del gusto, pues puede decirse que todo lo que me gusta presupone envidia y egoísmo, como quien viste las prendas que robó a otro, pero tengo un par de objeciones al respecto de mi vileza de gusto. Primera, que a no ser uno sastre, siempre viste con la obra de otro, e incluso, cuando uno mismo puede confeccionar los vestidos propios, prefiere encargar a conocido o desconocido la confección como a quien se estima de mayor talento o menos susceptible de los errores propios ya bien conocidos. Segunda, que no tengo a mal el procurarme la habilidad expresiva de otro si tal habilidad no dimana de mí o si el otro la tiene en mejor calidad que la propia, y así como esto, con otras virtudes y habilidades; y aún tengo a título de mérito el solicitar y procurar la experiencia de otro, entendiendo que a esto nos impulsa el refrán latino DOCENDO DISCIMUS (enseñando, aprendemos).

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  2. Por un dedo aquí y otro allá se empieza. Y se termina uno diciendo lo mismo en grandes y/o pequeñas cantidades. Saludos :)

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